
Como un cazador que aguarda sin premura a su presa, Francisco Coto hizo del Teatro Nacional su hábitat. Cual si fueran sus gradas los arbustos en que se camuflan los depredadores, esperó hasta disparar al blanco: así inmortalizó el ingreso de John F. Kennedy al recinto josefino, en una de las fotografías más célebres de la memoria costarricense.
Más allá de esta postal del mandatario estadounidense, quizás su más famosa, el legado de Coto vive en los miles de retratos en que capturó a sus compatriotas. También fueron sus musas las fachadas estáticas, como las del Teatro Nacional, cuyas imágenes de sus salones y alrededores hoy reposan en la exhibición Reimaginar el Teatro Nacional: hallazgos inéditos de Francisco Coto
Las 22 imágenes en la muestra, protagonizadas por este patrimonio histórico-arquitectónico, hacen notables los cambios que sufrió entre 1945 y 1993, como la desaparición de su jardín, al tiempo que nos sumergen en detalles extintos de la plaza de la Cultura.
La curaduría de piezas inéditas y muchas otras notorias, tanto del archivo personal del artista como del Teatro Nacional, transita entre artículos publicados en periódicos ahora desteñidos y obras restauradas para el ojo digital, que engloban una misma sensación: bajo el lente de Coto, San José evoluciona.
La muestra también invita a adentrarse en las particularidades de la fotografía, con las cámaras, bordes de negativos e inscripciones manuales que le permitieron a Coto construir un relato visual de la Costa Rica del siglo pasado a través de sus montañas, volcanes, playas, cafetales y ciudades.
Este proyecto, resultado de una colaboración entre el Archivo del Teatro Nacional y la Fundación Francisco Coto, estará disponible hasta el 9 de abril en la Galería Enrique Echandi, en la Sala Las Musas del Teatro Nacional. Este es un vistazo a lo que en esas puertas:










