Fernando Chaves Espinach. 7 marzo
'Focii' (1974), de Jeanette Iljon, donde se exploran los reflejos y la interpretación. Foto: Cortesía del CRFIC 2020.
'Focii' (1974), de Jeanette Iljon, donde se exploran los reflejos y la interpretación. Foto: Cortesía del CRFIC 2020.

Berlin Horse (1970), obra clave de la vanguardia británica, consta de dos partes. En la primera, Malcolm Le Grice registró, en película de 8mm y en color, una breve secuencia de caballos en movimiento; la filmó de nuevo en 16mm y en blanco y negro. La segunda parte incorpora material de un breve noticiario de 1896, y ambas se combinan, con banda sonora de Brian Eno, mediante la superposición y varios filtros de color. La película se transforma, fluye, y el tiempo “real” de lo filmado entra en una relación compleja con el tiempo de la proyección —un juego todavía más complicado cuando se muestra en su versión a dos pantallas—.

Tales indagaciones del tiempo, el filme mismo y la manipulación de la imagen y el sonido resultaron muy fértiles para una generación de artistas que, en los años 60 y 70, se propusieron recuperar el potencial radical del cine, para entonces anquilosado en el moribundo sistema de los grandes estudios. La explosión de nuevas vanguardias ocurrió sobre todo en Norteamérica y Europa (aunque aún falta visibilizar más el amplio trabajo realizado en América Latina y Asia). Muchas de las instituciones herederas de ese legado siguen muy activas e influyendo en la difusión de otras formas de crear imágenes.

Una de ellas es LUX, la principal colección y distribuidora de cine y video de artista en el Reino Unido y una de las mayores en Europa, con más de 1.200 artistas y 4.000 obras representadas. Para el Costa Rica Festival Internacional de Cine (CRFIC) 2020, seleccioné algunas piezas de filme y video desde Berlin Horse hasta el presente, con el fin de mostrar la amplitud de estas prácticas artísticas, rara vez disponibles en el país (ver recuadro).

Aunque arraigadas en su contexto histórico y artístico, ofrecen vívidos recordatorios del potencial radical de la imagen en movimiento y de las múltiples historias paralelas del “cine”, que sería mejor dejar de mencionarlo en singular.

En 'Dresden Dynamo' (1971), de Lis Rhodes, la imagen es la banda sonora. Foto: Cortesía de CRFIC 2020.
En 'Dresden Dynamo' (1971), de Lis Rhodes, la imagen es la banda sonora. Foto: Cortesía de CRFIC 2020.
Luces y sombras

En pleno auge de la contracultura a ambos lados del Atlántico, a mediados de los 60, un grupo de artistas y cineastas se reunía en la librería londinense Better Books para proyectar cine experimental y underground. De proveniencias e inspiraciones dispares, algunos querían crear una plataforma propia para producir y distribuir sus obras; otros proponían crear una organización hermana de The Film-makers’ Co-Operative, que funcionaba en Nueva York desde 1962, con figuras como Jonas Mekas, Shirley Clarke y Stan Brakhage. Así, y propensa a la constante transformación y controversia, nació la London Film-makers’ Co-Operative (LFMC) en octubre de 1966.

A través de sus cambios y las sedes por las que peregrinó, la LFMC se concentraba en producir, distribuir y exhibir cine “independiente”; es decir, filmes creados al margen del sistema industrializado de estudios y abierto a explorar distintas estructuras narrativas, metodologías de producción y relaciones con la audiencia.

Una obra como Dresden Dynamo (1971-72), de Lis Rhodes, muestra el ímpetu experimental y, en aquella primera época sobre todo, de cuestionar la materialidad misma del filme. En esta pieza hecha sin cámara sobre cinta de 16mm, la imagen es la banda sonora, “leída” por el equipo óptico y coloreada con filtros; se crea una sucesión de ruido, visual y sonoro, que pone en entredicho la imagen misma y su relación con el sonido. Otros artistas como Peter Gidal, Malcolm Le Grice y Annabel Nicolson buscarían su propia ruta para analizar esta condición material del filme, sus limitaciones y sus capacidades expresivas y políticas.

'Relative Surfaces' (1974), de David Hall, es una de las obras exhibidas en la histórica exhibición The Video Show. Foto: Cortesía del CRFIC 2020.
'Relative Surfaces' (1974), de David Hall, es una de las obras exhibidas en la histórica exhibición The Video Show. Foto: Cortesía del CRFIC 2020.

Un espíritu de experimentación similar alimentó el surgimiento de London Video Arts (LVA) en 1976, creada tras el influyente The Video Show en las Serpentine Galleries el año anterior, la primera gran exposición de video y arte en video en Reino Unido.

David Hall, fundador de LVA, había mostrado allí obras como Relative Surfaces (1974), pieza de ocho minutos donde juega con la agilidad de una cámara Portapak para grabar, grabarse y grabar su reflejo. Aunque el arte en video había surgido con la tecnología desde la década anterior, a principios de los 70 luchaba aún por consolidar su autonomía como práctica artística, interesante para los creadores sobre todo por su carácter contestatario contra la televisión, las posibilidades de difusión amplia y la relativa facilidad de su uso y bajo costo con respecto al cine.

Otros artistas como David Critchley, Tamara Krikorian y Stuart Marshall se unieron bajo la bandera de LVA para promover el videoarte por medio de proyecciones, exposiciones y, algunos años más tarde, la producción y distribución (luego se llamaría London Video Access y London Electronic Arts). Sin embargo, ambas organizaciones, LFMC y LVA, así como muchas similares, sucumbirían ante conflictos internos, reducciones bruscas de financiamiento público en los años 80 y 90, el alza del alquiler en Londres y muchos otros factores que desembocaron en la creación del Lux Centre en 1997. Este mismo colapsaría, para dar paso finalmente a LUX, que hoy opera en Highgate, al norte de Londres, custodiando la colección y difundiéndola mediante distribución, publicaciones y exposiciones.

Imagen de la película 'I Hope I'm Loud When I'm Dead' (2018), de Beatrice Gibson, una exploración de la maternidad y el feminismo. Foto: Cortesía del CRFIC 2020.
Imagen de la película 'I Hope I'm Loud When I'm Dead' (2018), de Beatrice Gibson, una exploración de la maternidad y el feminismo. Foto: Cortesía del CRFIC 2020.
Hacia lo nuevo

¿Cómo le llamamos a este campo? Cine avant-garde, cine experimental, videoarte, moving image art, time-based media art, artists’ film (o cinema) son todos conceptos con historias institucionales y prácticas particulares. En cualquier caso, en los años 90 el “cine y video de artista” transformaron el campo del arte británico, con sus obvias repercusiones internacionales, y aún sigue siendo de los principales medios en cuanto a producción, exhibición y discusión.

Para complementar la breve revisión histórica de la Co-Op y de LVA, que incluye a artistas de generaciones posteriores (como Alia Syed), se mostrarán en el CRFIC obras creadas en filme o video digital recientemente. Artistas como Laure Prouvost (Premio Turner 2013, el mayor del arte contemporáneo en Reino Unido) y Luke Fowler son muy conocidos en el circuito de festivales, especialmente en Europa, por sus acercamientos a la imagen, desde las apropiaciones de lo documental hasta la mezcla de lenguajes narrativos y sus interpelaciones al espectador.

Artistas como Morgan Quaintance utilizan el medio como herramienta para la reflexión histórica y filosófica, casi una extensión de su producción crítica. En Early Years (2019) retrata a una artista jamaiquina, migrante de primera generación, y su liberación mediante el trabajo intelectual. Por su parte, Beatrice Gibson analiza su maternidad mediante poesía y teoría queer y feminista, el baile, la alegría, la experiencia física. Extática y conmovedora, su baile final en I Hope I’m Loud When I’m Dead (2019) celebra el arte que la ha formado, la energía demoledora de los feminismos y el pensamiento radical.

Este recorrido por la colección LUX en el CRFIC es apenas una introducción, una invitación a futuras exploraciones conjuntas. Entre las grietas de las historias cinematográficas gastadas, un recorrido por lo disidente, lo experimental y lo desafiante de otras épocas puede iluminar aún otras narrativas, otras formas de hacer y de transformar nuestra comprensión del mundo mediante las imágenes.

En La Salita

La sección LUX@CRFIC se presentará en dos sesiones: la primera enfocada en cine experimental y videoarte de 1966 en adelante, enfocada en la materialidad del filme y del video; la segunda, en el uso de las herramientas del documental en el arte contemporáneo en video. En ambas funciones habrá una introducción para contextualizar las obras en la historia.

Sesión 1: Domingo 15 de marzo, 5:30 p. m.

Berlin Horse (1970), Malcolm Le Grice - Reino Unido

Dresden Dynamo (1972), Lis Rhodes - Reino Unido

Focii (1974), Jeanette Iljon - Reino Unido

Relative Surfaces (1974), David Hall - Reino Unido

Breath (1974), William Raban - Reino Unido

Lyrical Doubt (1985), Judith Goddard - Reino Unido

The Watershed (1994), Alia Syed - Reino Unido

Sesión 2: Martes 17 de marzo, 5:30 p. m.

Mum’s Cards (2018), Luke Fowler - Reino Unido

Gibraltar (2013), Margaret Salmon - Reino Unido

Early Years (2019), Morgan Quaintance - Reino Unido

Shed a Light (2019), Laure Prouvost - Francia | Bélgica

The Oblique (2018), Jayne Parker - Reino Unido

I Hope I’m Loud When I’m Dead (2018), Beatrice Gibson - Reino Unido

En la Antigua Aduana
Fotograma de 'now, at last!' (2018), película de Ben Rivers realizada en Costa Rica. Foto: Cortesía del CRFIC.
Fotograma de 'now, at last!' (2018), película de Ben Rivers realizada en Costa Rica. Foto: Cortesía del CRFIC.

En el vestíbulo de la Antigua Aduana se exhibirá now, at last! (2019), una obra del artista Ben Rivers filmada en 16mm en Costa Rica. Se exhibe de 12 m. a 9 p. m. del 12 al 21 de marzo, en proyección continua, y es gratuita. De Rivers, también se verá en el CRFIC el largometraje Krabi 2562, codirigido con Anocha Suwichakornpong. Si desea más información y enterarse sobre visitas guiadas durante el festival, escriba a fcespinach@gmail.com