
La exposición Código telúrico, de Octubre Sánchez subvierte nuestra noción de la joven tierra costarricense para ubicarnos frente a la apreciación de esta tierra como archivo vivo, fuente mineral y principio genésico del Mundo.
La muestra se construye a partir de una premisa muy evocadora: lo que llamamos suelo no es el fondo inerte que pisamos y sobre el que la vida transcurre, sino que constituye un cuerpo vivo, el continente del profundo secreto de la Vida. Así, en cada obra de esta colección, la materia terrestre se ordena, vibra y cobra una dimensión casi sagrada, que nos devuelve a esa conciencia perdida del Ánima Mundi que Platón refiere en el Timeo.
El punto de partida formal de esta colección es el hexágono, esa figura que aparece continuamente en el mundo natural, en estructuras como los panales, las formaciones moleculares y algunos patrones orgánicos. El artista toma esta forma como la representación sintética de la tridimensionalidad: el cubo, un espacio capaz de armonizar el caos del suelo sin debilitar su fuerza telúrica.
A decir de Platón: “…a la tierra le asignamos la forma cúbica, ya que ella es la más inmóvil de las cuatro especies de cuerpos y la más blanda también”. Esa forma cúbica, estable y moldeable, símbolo de las seis direcciones del espacio, encuentra una asombrosa presencia estética en la obra de Sánchez.
La aspereza de la tierra, los pigmentos vivos y las texturas naturales contrastan con planos geometrizados y líneas limpias, creando una tensión entre lo fluido y lo exacto, entre la naturaleza y la ciencia, entre el accidente del paisaje y la voluntad artística de composición. Esta geometría, lejos de convertirse en un artificio con fines decorativos, actúa como una cartografía: delimita un territorio para volverlo revelador.
La exposición expresa también la dimensión sagrada del espacio. En obras como La tierra como origen, desde un centro vacío —como el Motor Inmóvil de Aristóteles— en el que todo cabe y del que todo brota, se expanden los límites de lo finito, se genera la Forma, como cristalización del Tiempo.

Y así, cada cuadro constituye su propia cosmogénesis, resguarda el secreto de los orígenes, como en la pieza Ööka, que refiere al universo Boruca, introduciendo la serpiente como signo de la sabiduría viva de la tierra. Aquí, la tierra de Boruca funciona como registro mineral de historia cultural, oral y territorial, estableciendo un puente entre la técnica pictórica y la identidad de los pueblos originarios de Costa Rica.
Uno de los aspectos destacables de esta colección es su técnica. Sánchez tiene ya más de veinte años trabajando con acrílico y tierras recolectadas en zonas de cultivo, montañas y territorios indígenas, incorporando la materialidad real del paisaje en su obra. La tierra no aparece pintada, sino como cuerpo, textura y evidencia, y por eso estas obras constituyen una anatomía y -me atrevo a decir- una paleografía del paisaje, ya que el artista lee entre las suturas del suelo la historia silenciada de nuestro paso por la tierra.
La exposición “Código telúrico: anatomía del Paisaje”, de Octubre Sánchez, se expone en el Centro Cultural San José, de Nueva Acrópolis, ubicado en Barrio Escalante, del 9 de mayo al 9 de junio en la Galería Áurea.
Horarios de exposición:
- Lunes de 4 p. m. a 6 p. m.
- Martes, 1 p. m. a 6 p. m.
- Miércoles, 3 p. m. a 6 p. m.
- Jueves, 4 p. m. a 6 p. m.
- Viernes, 12 m. a 9 p. m.
