Para Jonás Trueba, director de Volveréis, es una dicha que su película haya podido estrenarse en Costa Rica y en tantos otros países. "Es la primera vez que una película mía se muestra en vuestro país y me hace mucha ilusión y me hace ser consciente de eso de lo difícil que es, también de los azares que se tienen que dar para que ciertas cosas sucedan", afirma. Para suerte de los cinéfilos ticos, seguirán varias oportunidades para disfrutar de esta comedia romántica o existencial o profesional o todo junto.
La distribuidora de cine Pacífica Grey trajo la película al país desde el Festival de Cine Europeo del 2025, pero ahora seguirá proyectándola en espacios culturales, en las giras del programa Preámbulo del Centro de Cine y en cuanta oportunidad surja de compartirla. Puede seguir sus actividades en sus redes sociales para enterarse.
La Nación conversó con el director Jonás Trueba para conocer mejor el trasfondo de la cinta, que tuvo éxito entre público y crítica, y que explora intereses suyos en las relaciones humanas... y sus complicaciones.
En Volveréis, premiada en la Quincena de Cineastas del Festival de Cannes, una pareja, cineasta y actor, invita a sus amigos a festejar su separación tras quince años. “Como una boda, pero al revés”, según la inspiración del papá de ella, interpretado, cómo no, por el renombrado Fernando Trueba, padre del realizador.
Para Jonás, el éxito de la película fue una sorpresa porque su escala sigue siendo relativamente modesta, como sus cintas anteriores (como Todas las canciones hablan de mí y La virgen de agosto). “Me he limitado a seguir haciendo las películas más o menos igual, a como he deseado hacerlas, tranquilamente, a mi ritmo, y contando casi siempre con las mismas personas a mi alrededor sin forzar nada", explica.
Ese estilo relajado, casi bohemio, atraviesa Volveréis. Compartimos un rato al natural con estos personajes; formamos parte de su vida por unos días a los que nos abrieron la puerta.
"En la propia raíz de la película, el hecho de contar una pareja, una separación a partir de una frase, de una broma, había algo que se transmitía muy rápidamente a las personas que nos ayudaban a financiar la película, el propio equipo y luego a los medios de comunicación y a los espectadores", considera Trueba.
-También fue un proceso muy dinámico de colaboración con los intérpretes. ¿Puede contarme sobre esa esa cooperación y ese diálogo que desarrolló con los actores?
-Son Itsaso Arana y Vito Sanz, la pareja protagonista; son actores maravillosos y gente muy cercana a mí, llevo trabajando con ellos muchos años. De hecho es la tercera o cuarta vez que ellos hacen de de pareja conmigo. Entonces, digamos que hay un vínculo ya no solo conmigo, sino entre ellos, muy fuerte.
“La película la concebí a partir de ellos como pareja, entonces les propuse escribirla juntos. Han participado en en el proceso del guion, de la escritura, y he intentado que se involucren en todo, de principio a fin. No solo en responsabilizarse de sus personajes, sino en echarse la película a la espalda y luego ser capaces de seguir escribiendo en rodaje.
“Es decir, seguir juntos cambiando cosas hasta el último momento, apoyando a los otros intérpretes que venían para escenas más cortas. Todos mis colaboradores, no solo ellos dos, sino otros actores que aparecen en roles más pequeños, son gente muy afín a mí, y todos los que están detrás de cámara que no veis también, todos los jefes de equipo vienen siendo mis jefes de equipo desde mi primera película.
“Y eso es un privilegio muy fuerte que me del que soy muy consciente y que y que sé que me permite hacer las cosas con más tranquilidad, con más confianza. Me siento muy arropado”.

- Tal vez así es incluso más sencillo aceptar el error, a veces.
- Totalmente. Ellos me permiten dudar, me permiten equivocarme, no me juzgan por eso, o sea, siento que ya confían. Después de un tiempo confiamos unos en otros, ¿no? Y sabemos que nos podemos equivocar, por supuesto, pero que estamos juntos en esto y que además no buscamos hacer películas que acierten, entre comillas.
“Nosotros sabemos que no vamos por ahí, que vamos a hacer películas que van a estar siempre cargadas de errores, probablemente de imperfección, y que pensamos que incluso en esos errores, en esas imperfecciones, a veces está lo más interesante.
“A veces, es lo que acerca más la película a nosotros mismos, ¿no? A lo que somos, a nuestra realidad, a una cierta idea del cine. Eso que no tiene que ver con acertar, con hacer la mejor película, sino con intentar hacer películas que sean transparentes o que transparenten un espíritu, una cierta manera de estar en el mundo y de hacer las cosas".
- Bueno, esto también muy relacionado con la película en sí, con la historia que nos está contando. ¿Puede expandir un poco sobre ese reflejo que hay entre lo que ocurre en la peli y o que está contando sobre esa vida?
- Tanto en esta película como en otras que hicimos antes siempre se acaba colando un poco este factor, como que se transparenta la artesanía de la película, nosotros haciéndola.
“De que tú como espectador sientas que estás viendo una película que te puede estar contando una historia, te muestra unos personajes, pero que al mismo tiempo estás percibiendo cómo la película se hace y que también hay otras personas o personajes detrás que la están haciendo. Y no sé por qué esto para mí es como medio inevitable, medio necesario, que todas las películas tengan un grado de esto.
“No era tanto una idea intelectual de mostrar el cine dentro del cine, sino demostrar la artesanía, demostrar la la vida cotidiana de las personas que hacen cine.
“Y en ese sentido, pues claro, tiene mucho de autorretrato, ¿no? También demostrar incluso en una clave cómica, irónica, nuestras propias dudas y nuestras fatigas, nuestras discusiones... Ponernos un poco en ridículo también. Para nosotros es una manera de trascendernos en cierta forma, de reírnos de nosotros mismos y de poder seguir avanzando.
“La película también habla de la crisis, que puede ser la crisis no solo de pareja, del amor, sino de una crisis profesional y cómo a veces la única manera que tenemos de superarlo es poniéndolo muy delante, muy en primer término”.
- ¿Cómo ha gestionado usted sus propias crisis creativas?
-No tengo una receta ni siento que haya aprendido del todo a manejar esas situaciones. Pero sí creo que, en general, lo mejor es poner las cosas en primer plano: afrontarlas directamente, mirarlas a la cara y nombrarlas. Primero con uno mismo, pero también con las personas cercanas, con quienes pueden ayudarte a superarlas y a relativizarlas.
“Muchas veces nos ahogamos en problemas que creemos enormes y que sentimos que pueden desestabilizarnos. Sin embargo, con el tiempo uno descubre —y menos mal que la vida suele recolocarnos— que muchas de esas preocupaciones no eran tan importantes como parecían.
“Creo que, si se tiene un poco de paciencia y algo de confianza, la vida termina reconduciéndote. A veces te muestra que aquello que tanto te inquietaba no era tan grave o incluso te devuelve las ganas y la energía que habías perdido”.
