Tomás Federico Arias Castro. 28 septiembre
Esta imagen de Francisco Calvo con la Cruz de Honor, que se le dio por su participación en la Campaña Nacional de 1856 y 1857, fue publicada en el libro Ganganelli (1963), de Rafael Obregón Loría. Foto: Archivo LN.
Esta imagen de Francisco Calvo con la Cruz de Honor, que se le dio por su participación en la Campaña Nacional de 1856 y 1857, fue publicada en el libro Ganganelli (1963), de Rafael Obregón Loría. Foto: Archivo LN.

“Lo que nuestra historiografía católica le cobra al Padre Calvo, como se lo cobraron sus clérigos contemporáneos, fue su Masonería […] Si el Padre Chico no hubiese sido masón, con visos de liberal, el criterio sobre su persona no iría más allá del que se ha emitido sobre otros sacerdotes de su tiempo que, por haber tenido personalidades más opacas, se han liberado de todas las invectivas, injustas en buena parte, que se han lanzado sobre la memoria del Padre Calvo”.

Tan peculiares palabras fueron escritas por el conocido historiador eclesiástico Ricardo Blanco S. en su libro 1884: el Estado, la Iglesia y las reformas liberales (1984) para contar una verdad ineludible: a pesar de su brillante vida, ciertos estamentos religiosos nunca le perdonaron al presbítero Francisco Calvo su osadía de ser masón y, más aún, la de establecer dicha institución en nuestro país.

Así, a 200 años de su natalicio corresponde indagar cuáles fueron las particularidades que se concatenaron alrededor de su figura, las cuales le permitieron convertirse en un personaje imprescindible de nuestra historia.

Primeros años

Francisco Cipriano Calvo nació el 14 de setiembre de 1819, mas su nacimiento no fue del agrado de sus padres, quienes de modo indolente lo repudiaron, pues representaba la prueba irrefutable de una relación sacrílega.

Su padre había sido el sacerdote Juan de los Santos Madriz C., quien fuese uno de los presbíteros más connotados de la primera mitad del siglo XIX. Mientras que su progenitora, doña Petronila del Castillo V. (hermana del afamado religioso Florencio del Castillo V.), se convirtió en madre por novena ocasión con su parto, siendo que sus otros ocho hijos provenían de otros tres padres (Obregón L., Rafael, Presbítero Dr. Francisco Calvo, 1963).

El ruin abandono del bebé se hizo en el pórtico del sacerdote Rafael del C. Calvo R. (párroco de Tres Ríos), quien no solo lo acogió, sino que le brindó su apellido. Para 1831, el ahora joven Calvo ingresó al Seminario Conciliar de León (Nicaragua), en donde se graduó como triple Bachiller en Filosofía, Teología y Derecho Civil; en 1842 regresó a Costa Rica.

Ya en 1844 fue nombrado catedrático en Teología en la recién inaugurada Universidad de Santo Tomás y, para 1847, obtuvo un Bachillerato en Derecho Canónico en dicho recinto. Mismo año en que se ordenó como sacerdote en la ciudad hondureña de Comayagua.

Héroe de guerra

A partir de 1853, el presidente Juan Rafael Mora Porras nombró a Calvo en el pionero puesto de Capellán del Ejército costarricense. Institución en la que, con motivo de la Campaña Nacional (1856-1857), no solo se enlistó como soldado, sino que fue ascendido a coronel por su valor y se le confirió una Cruz de Honor.

Él redactó un registro de los soldados fallecidos en la lucha, en el cual incluyó el nombre, rango militar y lugar de origen de cada combatiente. Este trabajo lo dividió en dos tomos bajo el título de Libro de los que murieron en la Campaña de 1856 y 1857 y que fue incluido en el 2016 en el registro nacional de Memoria del Mundo de la UNESCO. Actualmente, esta obra está resguardada en el Archivo Eclesiástico.

Entre 1858 y 1859 laboró en la Junta de Caridad de San José y fue capellán del Hospital Lazareto. Empero, el golpe de Estado que se perpetró contra el presidente Mora Porras (agosto, 1859) hizo que Calvo fuese perseguido por los sediciosos debido a su lealtad con dicho mandatario.

Poco después, el padre Calvo fue uno de los principales organizadores del intento de Mora por volver a Costa Rica, lo cual resultó infructuoso, pues los siniestros enemigos lo asesinaron ignominiosamente el 30 de setiembre de 1860. Por ello, Calvo tuvo que abandonar el país en salvaguarda de su vida; primero se dirigió a Panamá, luego a Ecuador hasta arribar en Perú.

La masonería
Solamente el Soberano Gran Comendador puede utilizar este mandil masónico como máxima autoridad. Este es el que usó Francisco Calvo con su grado 33. Foto: Tomás Arias Castro.
Solamente el Soberano Gran Comendador puede utilizar este mandil masónico como máxima autoridad. Este es el que usó Francisco Calvo con su grado 33. Foto: Tomás Arias Castro.

Después de varias semanas en tierras peruanas, Calvo comenzó la faceta más controversial de su vida, pues fue ahí donde ingresó a la masonería (junio, 1862), tras recibir el grado inicial de Aprendiz en la logia Cruz Austral N.° 5, ubicada en El Callao). En meses posteriores, recibió los grados de Compañero y Maestro.

Ya para finales de 1864 y cuando el ambiente político se había atemperado, el padre Calvo regresó a nuestro país. Hecho que le permitió retomar sus estudios y graduarse como Doctor en Derecho Canónico (1865).

Sin embargo, el principal proyecto de Calvo fue la fundación de la masonería en nuestra patria. En enero de 1865, reunió un grupo de masones extranjeros residentes en Costa Rica y conformó la primera logia de nuestra historia con el nombre de Caridad N.° 26. Valor numérico concedido por el Gran Oriente y Supremo Consejo Neogranadino (Colombia), el cual era el órgano masónico internacional al que Calvo acudió para el aval de la novel logia.

En 1870 y por la antigua costumbre masónica de utilizar un nombre simbólico, Calvo empezó a usar el apelativo de Ganganelli, en alusión al Papa Clemente XIV, cuyo nombre de pila era Giovanni Vicenzo Antonio Ganganelli. (Arias Castro, Tomás F., 150 años de historia de la masonería en Costa Rica, 2015). Aquel pontífice había suprimido, en 1773, la Orden de la Compañía de Jesús, por medio del breve pontificio Dominus ac Redemptor.

Para 1871 y con el objetivo de que Costa Rica pudiera ejercer la pionera jurisdicción masónica de Centroamérica, el padre Calvo fundó el llamado Gran Oriente y Supremo Consejo Centroamericano, hecho por el cual fue designado como Soberano Gran Comendador (principal dirigente) del nuevo ente regional y por el cual se le confirió la más alta jerarquía masónica: el grado 33.

Otras facetas

Junto a su desempeño eclesiástico y su derrotero masónico, Calvo protagonizó otras funciones: presidió en 1874 la pionera asamblea obrera, en la que se fundó el primer ente gremial de nuestra historia (la Sociedad de Artesanos de San José), fue el artífice de la candidatura del sacerdote alemán Bernardo Augusto Thiel como segundo Obispo de Costa Rica, lo cual se materializó en 1880, y fungió como Fiscal Eclesiástico (1881).

Por otra parte, aplicó la extremaunción al moribundo presidente masón Tomás Guardia G. y realizó varias ceremonias masónicas en su sepelio (1882).

Participó de nuevo como capellán del ejército con ocasión de una inminente guerra entre Costa Rica y Guatemala (1885). Ese mismo año ofició el matrimonio entre el presidente masón Bernardo Soto A. y la señorita Pacífica Fernández Guardia.

Deceso y remembranza

Fue el viernes 18 de julio de 1890, cuando el padre Calvo falleció en el nosocomio San Juan de Dios a los 70 años. Sus honras fúnebres se oficiaron en la Catedral Metropolitana con honores militares dada su condición de héroe de guerra.

De seguido, se le inhumó en una tumba del Cuadro Dolores del Cementerio General, la cual fue comprada para tal efecto por monseñor Bernardo A. Thiel.

En 1940 se creó el museo de la Gran Logia de Costa Rica, en donde se exhiben gran cantidad de objetos relacionados con él. Para 1955 y como homenaje masónico a su memoria, se fundó en la ciudad de San José la actual logia Francisco Calvo N.° 15 (Anuario de la Gran Logia de Costa Rica, 1968).

En el 2010 se presentó un proyecto de ley para declararlo Benemérito de la Patria, el cual, de modo inaudito, nunca se materializó. Fue en el 2013 cuando la Gran Logia de Costa Rica dispuso que su principal recinto interior recibiese el nombre de Gran Templo Presbítero Dr. Francisco C. Calvo.

A pesar del triste rechazo que el presbítero Calvo experimentó desde su primer día de existencia y luego por ciertos individuos, lo cierto es que fueron más quienes apreciaron y aquilataron sus virtudes. Al conmemorarse en este 2019 el bicentenario de su nacimiento, sirva esta reseña para fomentar su ubicación en el sitial que le corresponde como un compatriota excepcional de la historia decimonónica costarricense.

*El autor es director de la Cátedra de Historia del Derecho de la UCR e integrante de la Comisión Nacional de Conmemoraciones Históricas.