
El 11 de junio de 1776, mientras la confrontación contra Gran Bretaña seguía en marcha y la independencia aún no había sido aprobada formalmente, el Congreso Continental tomó una decisión que repercutió mucho más allá de Norteamérica... y hasta hoy.
Ese día, hace ya 250 años, nombró a un comité de cinco hombres para redactar un documento que explicara al mundo por qué las Trece Colonias tenían derecho a separarse de la Corona británica, según recuerdan los National Archives de Estados Unidos.
Pocas semanas después, el 4 de julio, se declararía la independencia... y el desarrollo de su historia repercutiría en todo el mundo, con sus ideas de democracia, libertad y participación ciudadana.
¿Cómo se redactó el acta?
El Congreso Continental fue la asamblea de representantes de las Trece Colonias británicas en Norteamérica que coordinó la lucha contra Gran Bretaña y actuó como gobierno provisional durante la Revolución estadounidense.
Los integrantes designados fueron Thomas Jefferson, John Adams, Benjamin Franklin, Roger Sherman y Robert Livingston. Aunque todos participaron en el proceso, Adams convenció al grupo de encargar el borrador a Jefferson, entonces un político de Virginia, de apenas 33 años y reconocido por la calidad de su escritura.
De acuerdo con The National Constitution Center, en una habitación alquilada a pocas cuadras de la sede del Congreso, Jefferson escribió gran parte de la Declaración de Independencia rodeado de pocos libros. Entre ellos, la Declaración de Derechos de Virginia de George Mason y el borrador de la Constitución virginiana, que Jefferson mismo había ayudado a redactar.

Jefferson escribió el borrador entre el 11 y el 28 de junio. El documento fue revisado por Franklin y Adams antes de llegar al Congreso, que introdujo nuevas modificaciones antes de aprobarlo el 4 de julio de 1776.
El texto sostiene que los gobiernos “derivan su legitimidad del consentimiento de los gobernados” y que los pueblos tienen derecho a relevarlos cuando se vuelven tiránicos; también enumera “27 agravios” atribuidos al rey Jorge III, relevantes para entender por qué los americanos deseaban separarse de la Corona.

Las ideas del documento bebían de la Ilustración europea, especialmente de las teorías sobre derechos naturales desarrolladas por filósofos como John Locke. El historiador David Armitage describió la Declaración como el origen de una verdadera “contagio de soberanía” en un artículo de The New Yorker, pues inspiró más de un centenar de declaraciones de independencia en distintos lugares del mundo en las décadas y siglos subsiguientes.
Todo el mundo tuvo que ver con las ideas concretadas allí, ideas que, de nuevo, provenían del pensamiento que circulaba por Europa y América en aquel siglo. Que lograra crear un país fue otra cosa. Y aquí, a 250 años, seguimos viendo cómo se desarrolla “the American experiment”, en medio de todas sus tribulaciones. Pronto vendrán las celebraciones.
