En la nueva novela de Daniel Quirós, Vientos alisios, Don Chepe sigue en Guanacaste para “fomentar el olvido”. Pero como hemos visto en dos novelas previas, ese refugio no se la pone tan fácil a este hombre que terminó de investigador. Esta vez, el problema será tan grande como los que carga la provincia, núcleo de tantos dramas de Costa Rica.
Tras Verano rojo (2010) y Lluvia del norte (2014), Quirós regresa a este exguerrillero que termina investigando crímenes en el país. Don Chepe, desencantado de la política, es una suerte de detective informal, y en esta novela, el presunto delito desenreda una trama que mira hacia las heridas, carencias y problemas que provoca el desarrollo explosivo de la costa del Pacífico.
“El biólogo está haciendo un estudio bastante controversial; hay un estero que ha perdido su conexión al mar y un manglar adjunto que se está pudriendo. Del otro lado, hay un desarrollo privado gigante”, dice Quirós. “Hay algunas personas, especialmente ecologistas, que están culpando al desarrollo por haber causado este desastre ambiental. Antes de que el biólogo pueda dar los resultados de los estudios que ha hecho, desaparece”.
Así, tras ser contratado para indagar el asunto, don Chepe se adentra en una problemática “ligada a la gentificación y la contaminación ambiental, pero también a otra serie de cosas que entre él va más investigando, más se va metiendo en problemas”.
Como suele ocurrir con la novela negra, los vericuetos de un crimen exponen las fallas de una sociedad que le dio origen; en la oscuridad del delito, se perfilan mejor las amenazas que han estado acechando en las sombras.

Caminos de misterio
Daniel Quirós nació en San José, en 1979; su primera novela, Verano rojo, ganó el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría y marcó, con otras obras, la consolidación de una tendencia de novela negra en el país. Vientos alisios continúa la trilogía que comenzó aquella obra, además materia de interés académico de este profesor de Lafayette College (Estados Unidos).
Aunque inscrito en la tradición del noir, Quirós ha buscado cómo amoldarlo a la realidad costarricense, ajena del fermento que produjo este género de crimen, misterio y detectives —que si bien goza de una tradición definida, también se ha multiplicado y diversificado en el mundo, con gran popularidad—.
Una de las diferencias, por ejemplo, es el mero hecho de trasladar la acción a una región “periférica” como Guanacaste. “Va a contrapelo, un poco, con el género negro, porque ha sido un género muy urbano y la mayoría de las novelas clásicas están localizadas dentro de las ciudades y las problemáticas de ciudades”, explica Quirós.
“Aquí yo he llevado esa problemática más a una zona rural, pero es interesante porque la globalización vista desde un lugar como Guanacaste provoca muchas cuestiones que invierten ese sentimiento de que Guanacaste es esta periferia”, dice el autor.
Si Costa Rica está lejos del imaginario mundial, no es por esa provincia: para miles de personas, ese es más bien el centro, lo que se imagina cuando piensa en nuestro país. Es obvio, por ende, que allí se condensen y complejicen tantos problemas inherentes a la expansión global del turismo y la industria.
“En los últimos 20 o 30 años, los cambios que ha visto el país en ese lugar específicamente se han visto, no sé si más concentrados, pero tal vez más acelerados, y me interesa Guanacaste como un tipo de de centro mediante el cual discutie problemáticas devenidas de la inserción particular tica dentro de la globalización”, considera.
Antes uno de los sitios menos densamente poblados del país, ahora la provincia vive acentuadamente la tensión de recibir un público internacional; el éxito ejerce presión sobre el ambiente, el agua y las comunidades mismas.
Pero nuevamente, escribir desde la tradición del hard-boiled, la tendencia de los años 20 y 30 del siglo pasado que vio nacer a los duros detectives ajados por la realidad, implica traslados y un tono particular. “En realidad, la novela negra en Costa Rica y en Centroamérica, se puede entender más como una serie de híbridos”, dice Quirós.
“Pienso por ejemplo en Cruz de olvido, de Carlos Cortés, que tiene como esta nota oscura, negra, noiresca, que se mete dentro de la corrupción, que se mete dentro de la violencia, todas estas cosas, pero que no necesariamente tiene esa estructura más clásica de la novela negra", opina. Quirós sí toma un elemento clásico: “hay una figura investigativa que es contratada como un investigador privado y va e indaga en los crímenes”. Lo cual no quiere decir, como mencionábamos, que no se le complique la vida.

Cambio de paisaje
La relocalización se extiende al humor, al lenguaje, y a las formas en la que el delito se infiltra en formas de vida locales. “Para mí Costa Rica es central a la ambientación de las tramas, de los lugares: para mí es muy importante que se sienta que que no podemos estar en ningún otro lugar. Es una problemática global que aparece en las novelas de muchos lugares, pero que se sienta Costa Rica ahí, que se sienta la ambientación con la gente, los lugares también específicamente”, explica el novelista.
Al rato sin querer, ya la novela negra clásica tocaba la degradación ambiental, reflejada, claro está, en la decadencia urbana. Todo lo podrido contamina la superficie, a veces literalmente. Luego el tema ecológico fue colándose en el género hasta llegar al “ecocrimen” escandinavo y otras líneas literarias que no solo aparecen como curiosidades, sino que se popularizan y se difunden en muchos idiomas.
De este modo, en el Guanacaste de Quirós, esa preocupación crece hasta convertirse “en un personaje”: el paisaje. “El paisaje que tener el peso, una fuerza que esté presente no solo como trasfondo a la trama, sino que sea parte de la identidad emocional de la novela”. considera el autor.
Así lo detalla: “En esta novela en particular, creo que la naturaleza se convierte en una manera de cuestionar no solo qué está pasando entre las piñeras en Costa Rica o estos lugares naturales, reservas o parques nacionales, sino qué estamos haciendo nosotros como especie, qué somos nosotros como seres humanos, cómo vemos a la naturaleza, cómo interactuamos con ella”.

Si a nuestro don Chepe le había decepcionado la decadencia posrrevolucionaria, ahora se sorprende con un país que vive un desplazamiento interno, un cambio de imaginación y de vida. Llegamos a una palabra que se ha convertido en dinamita política en Costa Rica: gentrificación.
Pero, ¿estarán tan lejos algunos de sus problemas como la corrupción, el contrabando y el tráfico sexual que dieron origen a las novelas negras de la época clásica? Muy al contrario, don Chepe se dará cuenta de cuánto más subyace a la superficie, allá contemplando el amplio paisaje guanacasteco, ese mundo extenso y calmo bajo cuya superficie ebulle la crisis espiritual de Costa Rica. Es una crisis a la que asistimos como detectives, buscando respuestas a crímenes sin dueño.

