
Hacer arqueología es caro, lento y, en ciertas regiones del mundo, peligroso. Durante siglos, desde que empezó este tipo de investigación, encontrar una ciudad antigua significaba excavar; hallar los vestigios del pasado dependía del conocimiento, pero también de la suerte. Hoy, a veces basta con sobrevolar la selva.
Desde un avión, miles de pulsos láser atraviesan los huecos de la vegetación y registran la forma del terreno. Donde el ojo humano solo ve las copas de los árboles, una computadora puede revelar caminos, fosos, plataformas y figuras geométricas construidas hace siglos.
En julio, una investigación en la Amazonía occidental de Brasil detectó cerca de 400 antiguas obras de tierra mediante tecnología LiDAR. Light Detection and Ranging es una tecnología de medición y detección que utiliza pulsos de luz láser para calcular distancias con alta precisión. De este modo, mide la elevación del suelo y genera modelos precisos del relieve terrestre.

Así, los investigadores sobrevolaron más de 4.500 kilómetros cuadrados de impenetrable selva y encontraron 396 estructuras que no habían sido identificadas antes. El resultado sugiere algo todavía más sorprendente: podrían existir entre 24.000 y 30.000 construcciones similares ocultas en esta región de la Amazonía.
“No sabemos por qué los geoglifos fueron abandonados repentinamente entre los años 850 y 950”, dijo el arqueólogo Martti Pärssinen, de la Universidad de Helsinki, al referirse a las enormes estructuras geométricas asociadas con las sociedades que los investigadores denominan Aquiry.
En el estudio liderado por el finés, los investigadores proponen que la población total de la zona entre los años 100 y 300 d. C. pudo haber oscilado entre 1,25 y 3 millones de personas.
“Si se obtienen resultados similares en otras partes de la Amazonia, habría que reevaluar la densidad de población total del periodo precolonial y su impacto en la estructura actual de los suelos y bosques amazónicos, en la biodiversidad e incluso en algunos modelos del clima global”, indican en el artículo publicado en Nature.
El descubrimiento cuestiona la vieja idea de que la selva amazónica fue siempre un territorio casi vacío, incapaz de sostener sociedades complejas. Bajo los árboles aparecen ahora evidencias de comunidades que modificaron el paisaje y construyeron centros ceremoniales monumentales.
Pero el volumen de información que producen estos escaneos es tan enorme que ni siquiera un equipo de arqueólogos puede revisarlo todo. Así que estos avances ahora se están complementando con herramientas especializadas de inteligencia artificial que permiten elaborar modelos complejos y completar la información allí donde picos y palas no pueden ingresar (al menos, por ahora).

Inteligencia artificial en la arqueología
Un estudio publicado en mayo de este año en el Journal of Archaeological Science: Reports explica el desarrollo una herramienta llamada ADAF, de software abierto.
ADAF se utiliza para enseñar a sistemas de aprendizaje profundo a reconocer huellas arqueológicas en imágenes obtenidas mediante escaneo láser.
Entrenada con más de 10.000 ejemplos, la IA fue probada en un área de 197 kilómetros cuadrados en Irlanda: recuperó el 84% de los sitios conocidos y detectó 116 posibles yacimientos que habían pasado inadvertidos durante la inspección manual.
La máquina, por supuesto, no puede sustituir al arqueólogo ni llevarlo a conclusiones tajantes. Sin embargo, puede detectar una anomalía en el terreno, determinar si se trata de una tumba, un recinto antiguo o simplemente una formación natural sigue requiriendo conocimiento, trabajo de campo y excavación.
De este modo, podrá permitir ahorro en planificación y costos, con la claridad de que próximas expediciones puedan ir con un mapa más claro de las zonas de interés para la investigación.
Regiones cubiertas por bosques tropicales, como Centroamérica y el sudeste asiático pueden beneficiarse enormemente de estas innovaciones tecnológicas. ¿Cuántos caminos, asentamientos o paisajes transformados por antiguas sociedades permanecen todavía bajo la vegetación?
En Costa Rica
De hecho, en 2022, la Universidad de Costa Rica (UCR) anunció una investigación pionera en este campo en el país, en las Lomas Entierros. Este es uno de los asentamientos arqueológicos más importantes del Pacífico Central, un “centro de intercambio de productos con Guanacaste y Nicaragua”.
De acuerdo con la publicación de la UCR, “tuvo una ocupación humana desde 300 a. C. hasta 1200 d. C., lo cual quiere decir que fue un lugar habitado durante muchos siglos y, por lo tanto, guarda mucha información arqueológica”.
“El escaneo original era de nueve millones de puntos y el escaneo final, trabajando únicamente en la superficie, aún así teniendo la capacidad de ubicar estructuras, fue como de 200.000 puntos. Todo lo demás eran árboles, plantas, hojas, lianas. Es decir, solo 200.000 puntos es lo que hay en el terreno y se utiliza para trabajar en las estructuras”, explicó a la UCR Paulo Ruiz Cubillo, geólogo e investigador del Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme).
Esa investigación también se publicó en el Journal of Archaeological Science: Reports y la investigadora arqueológica fue Yahaira Núñez Cortés. “Dado que aún no conocemos toda la arquitectura y cuáles pudieron ser viviendas, no tenemos un cálculo claro de población. Muy posiblemente albergaba a miles de personas”, explicó la experta a La Nación cuando se publicó el estudio.
Con estos ejemplos, podemos imaginar las posibilidades de esta investigación. Aunque tiene su costo, como todo en arqueología, ofrece posibilidades innovadores para indagar en un pasado que nunca terminamos de conocer.
