Áncora

Crítica de teatro: En ‘938 km hacia el olvido’ la memoria se vuelve política

La obra es una coproducción entre agrupaciones de Costa Rica y El Salvador. En ella, los personajes nos exigen que no olvidemos, pues no somos espectadores, sino testigos

Tal y como su nombre lo indica, 938 km hacia el olvido nos sugiere distancias y trayectos. En la antesala del espacio Crea+ del Museo de los Niños, ambas ideas se materializan en un breve circuito donde las hojas secas de un árbol se mezclan con los folios arrancados de un libro. El público avanza hacia las butacas, mientras explora texturas, sonoridades y aromas que lo invitan a vivir la experiencia con los sentidos en estado de alerta.

En el escenario, las impresiones previas se multiplican. La amplitud blanca del espacio está salpicada de muebles viejos, maletas, baúles y cuerpos. Todo yace inerte, ocupando –diría Samuel Beckett– su último lugar bajo el polvo último. Estamos en un ámbito indeterminado o un no-lugar, donde cada presencia nos remite al olvido. Súbitamente, los cuerpos salen de su letargo para luchar contra su propio abandono.

Las dos mujeres y el hombre no saben dónde están, ni qué hacen allí, pero necesitan vaciarse de algo que les corroe las entrañas. Esta premisa sustenta la estrategia narrativa del espectáculo y el reto que la audiencia asume al verse obligada a armar una historia a partir de fragmentos inconexos de memoria. Cada uno de esos indicios emerge envuelto en síntomas de agonía corporal hasta configurar un relato terrible.

La narrativa fragmentaria se hace más legible gracias al eficaz manejo de las capas sonoras y audiovisuales. Los ruidos acechantes de helicópteros y las imágenes de milicias nos ubican en los conflictos armados que asolaron a Centroamérica durante las últimas dos décadas del siglo XX. Personajes adicionales en video hablan de las muertes y desapariciones asociadas a la represión militar. La suma de estímulos nos aclara que los personajes son víctimas directas de la guerra.

En ese instante, el público se apropia de lo que está viendo y, aunque no lo desee, se vincula desde un territorio político, más allá de lo estético o sensorial. En particular, para quienes vivenciamos ese periodo, es inevitable desligarnos de un sufrimiento histórico que la escena sintetiza con eficacia. Como si tanto malestar no fuera suficiente, los personajes nos exigen que no olvidemos, pues, muy a nuestro pesar, ya no somos espectadores, sino testigos.

El equipo artístico del proyecto acertó al confrontar a los personajes-víctimas con los espectadores-testigos. El gesto es importante ya que invita al público a pensar cuál es su posición frente a las injusticias cometidas contra las poblaciones centroamericanas. Por extensión, el careo se actualiza cuando vemos imágenes de activistas políticos que fueron asesinados o desaparecidos en épocas recientes. ¿Sería válido afirmar que la guerra de antaño nunca terminó?

El texto de 938 km hacia el olvido se asocia, por su fondo y forma, con espectáculos que hemos reseñado. Nos referimos a Las voces del tiempo (2014) y La audiencia de los confines (2019), ambos de la dramaturga salvadoreña Jorgelina Cerritos. Las similitudes con el último título son numerosas: tres personajes sometidos a un ejercicio brutal de memoria histórica; el no-lugar como espacio del evento y el trasfondo de las guerras civiles en Centroamérica.

Sin restarle méritos al esfuerzo dramático del montaje, deben señalarse estas claras afinidades a para no caer en la tentación de la receta. La memoria, el olvido y sus matices políticos son universos amplios a los que les sobran vetas para nuevas indagaciones artísticas. Eso no quiere decir que el camino deba ser el mismo, pues la diferencia entre asimilar un referente y apropiarse de fórmulas ajenas es grande, aunque no lo parezca.

Ficha artística

Dirección: Esaú Cubero

Dramaturgia: Melissa Córdova, Ximena Cedeño y equipo artístico

Actuación: Cristian Salazar, Valeria Flores, Melissa Maita, Manuela Romero, Fernando Elías, Gabriel Pinto

Poemas: Ximena Cedeño

Coproducción y sonido: Roxana Buján

Coproducción: Melissa Córdova

Producción audiovisual: Brayan Bolaños

Escenografía: Fedra Brenes

Diseño gráfico: Ana Javier

Asistente de dirección: Cami Arias

Música y ambientación sonora: Montserrat Flores

Video: Camila Urrutia (Dirección de fotografía), Juan José Caballero (Gaffer y grip), Giancarlo D´Ambrosio (Dirección de fotografía de spot), Sebastián Garro (Asistencia de cámara y grip), Zenén Vargas (Mezcla de sonido audiovisual)

Técnico de video: Wilberth Arroyo

Técnico de luces: Emmanuel Elizondo

Intérprete Lesco: Dayana Zúñiga

Intérprete para personas ciegas: Esaú Cubero

Asistencia de producción: Vladimir Castillo

Espacio: Crea+ (Museo de los niños)

Función: 5 de noviembre del 2021