Áncora

¿Cómo nos ha mostrado el arte en Costa Rica a los niños?

Por medio de un centenar de obras y documentos, el Museo de Arte Costarricense presenta un recorrido por distintas miradas (simbólicas, sociales e ideológicas) de nuestros artistas sobre la infancia

Alberto Murillo Herrera [1960]
Viaje infinito
2004, impresión 2019
Cromoxilografía
Foto: Gabriel González, Museo de Arte Costarricense
Alberto Murillo Herrera [1960] Viaje infinito 2004, impresión 2019 Cromoxilografía Foto: Gabriel González, Museo de Arte Costarricense
Óleo 'Conejo blanco' (2017), de la serie Black Forest, de la artista Sofía Ruiz Ugalde. Foto: Cortesía de Sofia Ruiz/Museo de Arte Costarricense.

En sus Confesiones de un inglés comedor de opio, publicadas anónimamente por primera vez en 1821, Thomas de Quincey teje una analogía entre las alucinaciones del opiómano y la visión de un niño. En estos textos, De Quincey relata con exquisito detalle el placer y el terror de las ensoñaciones producidas por sus intoxicaciones con láudano, describiendo como infantil su propia percepción de la realidad observable y la imaginación de mundos alucinados.

En continuidad con esta idea, el crítico y poeta Charles Baudelaire, quien realizó numerosas traducciones de De Quincey, abordó repetidamente la relación que existe entre la imaginación infantil y el proceso creativo de los escritores (y artistas en general). En El pintor de la vida moderna escribió que “el genio no es otra cosa sino la infancia recobrada a voluntad”, aunque, claro está, dotada ya de la capacidad adulta de expresión y crítica analítica. Describe al artista como un hombre-niño.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌