
“Me llama la atención la cantidad de televisores
que veo tirados en la calle y en las esquinas,
el armazón por un lado, y por otro el lamparón.
Mi abuelo tenía un local donde arreglaba televisores
no quiero que se mueran los televisores de lamparones
porque es como si la vida de mi abuelo no hubiera tenido sentido”
Ana Inés López
La primera vez que alguien se asoma a la exposición Pan en la playa, no puede evitar una reacción de asombro. Todes entran a las salas con el gesto de la boca abierta. No tengo claro si es por la magnitud de la obra, por la honestidad abasalladora de su trabajo, por la multiciplicidad, repetición y caos organizados, o por la particularidad de lo que se muestra a la vista.
Elisa Flores, con su exposición en el espacio Cero Uno (calles 0 y 1, San José), nos comparte una visión personal, una propuesta espacial a patir de sus ideas y materiales, en la que el resultado final es mucho más intersante porque nos deja entrar a uno de sus muchos mundos internos.
En la primera sala encontramos objetos apilados, objetos funcionales, objetos amontonados, objetos inútiles, columnas falsas, y “pinturas” colgando de la pared. Todos comparten un espectro de tonalidades y texturas. Están insertos en un espacio gris que une el suelo con las paredes, aportando aún más a la sensacion inmersiva de esta sala. Se trata de un paisaje que envuelve, pero que al mismo tiempo puede ser observado con distancia y seguridad. La playa.

En la segunda sala ingresamos en una mezcla de panadería, bazar, cueva y ferretería. Acá hay objetos de muchos tamaños, colocados en mostrarios, cajas, bandejas, estantes y paredes, objetos almacenados durante años que esán viendo la luz de nuevo. Muchos de esos objetos parecen comestibles, los otros tocables. Se rebalsan, se vienen encima y generan cierta incomodidad y deseo, al mismo tiempo. El pan. El primer espacio sigue ciertas reglas de un expositivas, pero este segundo, en contraste, no tiene ninguna pretención musográfica y menos de conservación, aunque sí mucho de coleccionismo y pensamieto.
Elisa cuenta que es una persona muy sensible, que observa y percibe cosas a su alrededor siempre: “siento que estoy rodeada de mensajes todo el día”. Estos mensajes vienen a través de momentos en los que observa de afuera interacciones profundas entre las personas o encuentra, con su mirada atenta, objetos preciosos, detalles en lo cotidiano que la conducen a su interior, a invertarse historias, a reconocer cosas nuevas.
“Me conmuevo con las personas y a veces también me conmuevo con los objetos. Colecciono objetos como colecciono momentos. Algunos objetos los guardo, algunos momentos los escribo, pero cuando se activa la memoria, tanto con lo objetos como con las escenas me pasa lo mismo: recuerdo donde estaba y que sentía.”
Para ninguno existe una jerarquia, todos los momentos y objetos almacenados en el tiempo tienen la misma importancia. La artista tiene sus estretegias para tratar de capaturar la mayor cantidad de momentos posibles: dejarse llevar y estar en un estado presente en cada cosa. Al lavar platos, al cortar un vegetal, al tender la cama, al dar clases a un niño.

En cuanto a los objetos, aunque quisiera, la realidad es que no puede recolectarlos todos, por lo que se ha vuelto una coleccionista selectiva, solamente guarda aquellos objetos que son particularmente especiales. ¿Cómo sabe cuáles lo son? Intuciones certeras. Sabe que lo debe coleccionar aunque no tenga idea de lo que vaya a suceder con él, hasta que sucede. Esta exposicion ha sido un ejercicio de muchas respuestas para esos objetos.
Su materia prima es lo que definimos como deschechos o desperdicios, cosas que consideramos basura, pero no lo son. Para ella son materiales aún aprovechables.
Trabaja a partir de:
1. Cosas encontradas
2. Cosas que le regalan
3. Cosas naturales que están a la mano
Encontrar y recolectar objetos de esta naturaleza le representa otros dos placeres: trabajar a partir de la repetición y obtener su materia prima de forma gratuita. “Ver el orden me da placer. Ver todo lo que hay en repetición, organizado en el espacio me activa la creatividad. Al mismo tiempo las cosas encontradas son fantásticas porque son gratis”.

1. Cosas encontradas:
- Esponjas o cosas que parezcan esponjas
- Objetos plásticos
- Cajas de cartón
- Comida de plástico
- Objetos inútiles
Durante el proceso previo a la exposición, pasó mucho tiempo a solas con su colección de esponjas. Tuvo, por primera vez, la posibiliad de observarlas a todas como cosas invidividuales. Esparcirlas, luego apilarlas y luego dotarlas de vida y de personalidad, como cuando las infancias juegan. “Casi nunca veo las esculturas o las formas, sino que les veo como un universo (a cada objeto), como parte de un algo, de un cuerpo.”
Por ejemplo, después de observarlas, las clasificó de todas las formas que se le ocurrió: por tamaño, por porosidad, por peso, las que se están desintengrando, las más amarillentas, las más oscuras. Luego las juntó todas con la intención de encontrar un patrón, para después repitir ese patrón con más objetos y luego, con ese patrón, encontrar una nueva forma de clasficación.
Juego I:
- Encontrar un objeto
- Guardar el objeto
- Clasificarlo - agruparlo
- Formar una colección

Elisa se diverte al encontrar esos patrones e identificar repeticiones, a partir de lo cual genera una estructura, alguna forma especfífica que luego es revisada. Una estructura que se desetrcutura.” Clasificar-agrupar-armar-desarmar y volver a empezar.
Juego II:
- Observar el conjunto de objetos en las colecciones formadas
- Observar el conjunto de todas las colecciones
- Crear relaciones entre los objetos de distintas colecciones
A partir de todas esas ideas, juegos e imaginaciones, los objetos se iban moviendo por las salas.
Esto es algo que puede suceder con su colección de esponjas, pero también con su closet no existe una clara diferenciación entre la cotidianidad, el proceso creativo y las experiencias vitales. El recuerdo y el juego están presentes siempre en el trabajo de Elisa, forman, lo que Nietzsche llamaba, una praxis vital (Nietzsche plantea una compleja relacion entre pensamiento y vida, en su caso, la filosofía no es un conjunto de presupuestos teóricos distanciados de la problemática que nace la experiencia, si no que su filosofía está en íntima conexión con lo que vive, con lo que experimenta y ejecuta vitalmente).
Ese momento de reconocer y recordar los objetos y sus memorias asociadas, de hacerlos presentes, fue a lo que más tiempo le dedicó en los tres meses que estuvo trabajando para la exposición. En esa contemplación ella recuerda el sentido orginal de cada objeto guardado, y eso es quizás lo que percibimos “a golpe de corazón” cuando entramos en la sala expositiva: el peso del recuerdo, el amor con el que han sido seleccionados, la felicidad de la artista de poder otorgarle autonomia a un objeto. Se manifiesta frente a nosotros una colección de afectos (de mensajes).
Después de esas sesiones de contemplación comenzó a jugar compositivamente, pero sin jerarquias: apilar, juntar y relacionar objetos; construir objetos nuevos a partir de cúmulos de objetos; crear formas; hacer columnas de diferentes alturas; apilar esponjas y armar móviles; encontrar relaciones nuevas, colocar objetos inútiles sobe objetos funcionales, ordenar objetos dentro de catálogos y muestrarios, calsificar objetos similares en cajas y contenedores, hacer cajas, contenedores y estantes, encontrar nuevos coleccciones dentro de las colecciones, armar objetos nuevos a partir de los que ya existen, disponer todo en el espacio para ser observado, encontrado, tocado.
El espacio expostivo final que observamos, es el que es porque había un tiempo determinado para crear y otro tiempo para exponer, pero lo que ella nos muestra es solamente una propuesta, de muchas que ensayó y de muchas que podria haber probado. Todas las versiones son parte de ese sistema armable y desarmable, de ese juego de composiciones, objetos y clasificaciones.

Por la naturaleza de los juegos que se inventa constantemente, las creaciones de Flores no suelen tener fin, sin embargo, en la experienica de realizar lo que denomina como incrustaciones o “pinturas”, encontró, por primera vez, el placer de la obra acabada, de poder reconocer un cierre en el juego. “Ya no hay nada más que agregarle a esa pintura.”
Estas incrustaciones son una mezcla de papel, goma, zacate, bolsas de té, y diversos objetos que había coleccionado durante mucho años. Todo amalgamado, integrado, enterrado. Un objeto nuevo que nace de la mezcla de muchas cosas que estaban en el espacio.
Así, Elisa se siente conectada con practicas tradicionales: al amasar la mezcla se siente amasando pan, pero también, al trabajar en las incrustaciones, se vincula con los artesanos indigenas que incrustaban minerales en la cerámica y también en su dentadura. El trabajo manual activa el pensamiento, y junto con la soledad, Elisa reflexiona sobre su práctica: piensa en la ciudad en la que vive,en lo que gusta y en lo que le duele; tambien en los tesoros encontrados que está dejando ir en estas piezas.
3. Materiales naturales:
- Zacate, tierra, té
- Objetos a la mano.
- Experimentar mezclar pintura con té
A partir de ese uso radical del objeto, es posible establecer relacionamientos también radicales. Ese flujo de pensamiento que se activa en Elisa, también se activa en nosotrxs aunque habitemos las salas un momento corto. Emergen ideas, reflexiones y preguntas en torno a muchas cosas que parecieran no estar conectadas.
De las muchas líneas tematicas que se pueden encontrar en la exposición, la más evidente tiene que ver justamente con los desperdicios, la acumulación de desechos constante, la basura de la que no nos hacemos cargo realmente, basura que se desborda y en el desborde alcanza esta práctica artística particular.
Otra tiene que con nuestra relación con la cocina, como espacio, como práctica, como detonante de la memoria. Elisa nos regalara chispasos de cápsulas de tiempo, devolviendonos a la cocina de la infancia, a la panaderia del barrio, al cuarto de costura de la abuela, al mostrario de la pasamanería.
En este juego de los patrones, Elisa reconoce que hay similitudes en algunas prácticas que se realizaban durante un mismo espacio de tiempo aunque fuera en lugares distitnos Encontrar estas similitudes le dan un sentido de pertenencia a algo más grande.

¿En qué nos parecemos?
¿Cuáles son los códigos de la cocina?
¿Cuáles son las recetas que se conservan?
¿Cuál es la forma en que se hacen los queques?
¿Cómo se amasa?
En muchas casas seguro que hay una gaveta enllavada que contiene tesoros
-¿Teníamos un patio con palos de frutas?
-¿Cuales son las hisorias que pasan debajo de los palos de mango o de cas?
-¿Quienes usaban el tenerdor para cerrar las empanaditas.?
-¿Después de hacer el lustre del queue, quien limpia ese tazón?
- ¿Quien le corta las esquinas al budín?
-¿En la casa de quién cubrian los electrodomésticos?
Pan en la playa son miles de objetos que Elisa nos comparte con enorme generosidad. Son como trozos de su memoria dispuestos para activemos la nuestra. Es un regalo de honestidad y abundancia, pero también es un pellizquito, un llamado de atención para levantar la mirada y encontrarnos con la vida que nos rodea.
La exposición estará abierta hasta finales de mayo; la entrada es gratuita y el espacio se puede visitar de 2 p. m. a 6 p. m. de martes a sábado.