10 febrero
En el Archivo Nacional se encuentran resguardados distintos documentos históricos, entre ellos el Acta de la Independencia. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
En el Archivo Nacional se encuentran resguardados distintos documentos históricos, entre ellos el Acta de la Independencia. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal

Bajo el liderazgo y sello editorial del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, se publicó en fecha reciente, el libro Reflexiones en torno al Bicentenario de las Independencias Centroamericanas. Independencias y formación de los Estados Nacionales, 1821-1860, obra que recoge contribuciones de figuras académicas de México y el istmo, sobre la temática en cuestión.

Este trabajo es una iniciativa, de carácter recopilatorio, en el que se recupera un conjunto de aportaciones derivadas del “I Simposio Internacional de Historia Centroamericana: independencias y formación de los Estados Nacionales (1821-1860)”, convocatoria llevada a cabo en el contexto de las conmemoraciones del Bicentenario de las independencias centroamericanas en 2021. La iniciativa fue hecha por el Área de Educación y Promoción Cultural del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, así como de la Escuela de Historia y el Centro de Investigaciones Históricas de América Central (CIHAC), de la Universidad de Costa Rica.

Reflexionar sobre el Bicentenario

Costa Rica fue la última colonia de la Capitanía General de Guatemala en recibir el anuncio de la Independencia, suscrita el 15 de setiembre de 1821. La noticia, que arribó a nuestras tierras casi un mes después, tomó desprevenidos a propios y extraños. La disidencia, en el sector más austral de Centroamérica, nunca se caracterizó por su protagonismo político. Una oposición débil en torno a la reivindicación de principios emancipadores frente a la monarquía española, fue la tónica predominante en el ocaso colonial. Quizá por eso, por la presencia de precarios síntomas de cuestionamiento al poder del rey, es que el aviso de la nueva condición política causó estupor entre los habitantes diseminados a lo largo de nuestro Valle Central.

La firma del Acta de Independencia de Costa Rica, del 29 de octubre de 1821, en la ciudad de Cartago, que tuvo como antecedente el Acta de los Nublados, que se instauró un mes antes en la Intendencia de León, Nicaragua, pone de manifiesto el ambiente dubitativo que prevalecía entre las autoridades políticas y eclesiásticas de la época sobre el tema de la soberanía. La incertidumbre ante la reacción que pudiese tomar Felipe VII, de la casa de los Borbones, por las pérdidas de las colonias, sumado al eventual interés de adscribirse a la nueva unidad política del Imperio Mexicano, proclamado por Agustín de Iturbide, se reflejó en el marco jurídico bajo el cual emergieron algunos de los nuevos estados centroamericanos.

El libro está a la venta en el Museo Juan Santamaría, en Alajuela, y tiene un costo de ¢8.000. Fotografía: Cortesía de la editorial
El libro está a la venta en el Museo Juan Santamaría, en Alajuela, y tiene un costo de ¢8.000. Fotografía: Cortesía de la editorial

Quizá la mejor prueba del alcance que el proceso independentista tuvo sobre el istmo sea la forma política que adquirieron las antiguas colonias de la Capitanía General de Guatemala. Después de una crisis coyuntural que marcó los dos años posteriores a la firma del acta de 1821, la dirigencia criolla estableció la Constitución de la República Federal de Centroamérica, que en principio incluía los territorios de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y el actual estado mexicano de Chiapas, que tuvo una fugaz participación. Antes de 1840, la primera experiencia de corte integracionista promovida en Centroamérica llegaba a su fin sin haber introducido cambios radicales, ni en la estructura productiva de sus estados, ni en la formulación de un proyecto capaz de generar un crecimiento y consolidación que los beneficiara.

Un libro y una coyuntura

En el contexto de lo antes dicho, una obra como la que presentan Adrián Chaves y Elizet Payne ofrece un instrumental de primera mano, para comprender la forma en que se articularon las sociedades y los estados de la región, 200 años atrás.

Dividida en cinco secciones, la primera parte del libro titulada Poder político e identidades ciudadanas en Centroamérica, reúne trabajos de Alejandra Boza Villarreal, Elizet Payne Iglesias y Sajid Herrera Mena, donde se analiza el nuevo estatus ciudadano, los ayuntamientos indígenas y la legitimidad política, para los casos de Costa Rica y El Salvador.

La segunda parte: Estados, instituciones y violencia civil, incluye tres investigaciones de Esteban Corella, Juan Carlos Sarazúa Pérez y Ana María Botey Sobrado, sobre las fuerzas armadas, Estado y cuestiones médicas en las nacientes organizaciones políticas de Costa Rica y Guatemala posindependentista.

A esta le sigue la denominada Cultura y sociedad política en Centroamérica, que ofrece estudios sobre la novela, la libertad de imprenta y el político José Santos Lombardo, esto a cargo de Iván Molina Jiménez, David Díaz Arias y Margarita Silva Hernández.

La cuarta sección de la obra es De la República Federal a la Guerra Nacional centroamericana, 1855-1857, que presenta tres contribuciones vinculadas con la situación costarricense de mediados del siglo XIX, esto en materia territorial y de soberanía política. Los textos estuvieron a cargo de Aarón Arguedas Zamora, Carmen María Fallas Santana y Eugenia Rodríguez Sáenz.

El apartado final, titulado Hacia la construcción de la independencia y la reflexión acerca del Bicentenario. Un estudio de caso (México), incluye un estudio de Virginia Guedea Rincón-Gallardo sobre las diversas facetas y tonalidades del proceso de independencia vivido en México.

Una obra de este carácter, en un momento como el actual, donde las reflexiones y las iniciativas en torno a la coyuntura del Bicentenario parecen ser asuntos de segundo orden, merece ser considerada como recurso destacado en procura de generar una sana y necesaria discusión el camino recorrido por nuestras naciones desde aquel memorable 1821.