Guillermo Alvarado Induni. 20 julio
Retrato de Alexander von Humboldt de 1843 hecho por el pintor Joseph Karl Stieler (1781-1858). Foto: Wikimedia Commons.
Retrato de Alexander von Humboldt de 1843 hecho por el pintor Joseph Karl Stieler (1781-1858). Foto: Wikimedia Commons.

Friedrich Wilhelm Heinrich Alexander Freiherr von Humboldt nació el 14 de setiembre de 1769 en Berlín; fue el segundo hijo de una familia aristocrática prusiana muy adinerada. Desde niño le aficionaba coleccionar rocas y minerales, insectos y plantas con una particular obsesión por documentar sus observaciones. Estudió en la prestigiosa Escuela de Minas de Friburgo y trabajó en un departamento del gobierno. Después de la muerte de su madre a finales de 1796, adquirió una cuantiosa herencia, por lo cual renunció y se lanzó de lleno a sus ambiciones de niño: ser trotamundos.

Sus viajes de exploración le llevaron desde Europa a América del Sur y del Norte hasta Asia Central. Frisaba sus 30 años cuando decidió partir a explorar América. En compañía del francés Aimé Bonpland y del ecuatoriano Carlos de Montúfar (desde 1802) recorrió 10.000 kilómetros en tres etapas. La primera partiendo de Caracas y en el Alto Orinoco. La segunda de Bogotá a Quito, por los Andes, donde realizó importantes estudios de los volcanes ecuatorianos. La tercera recorriendo el Reino de Nueva España (hoy México). Humboldt terminó su viaje con una visita a Estados Unidos, donde fue huésped del presidente Thomas Jefferson.

La información estratégica aportada ingenuamente sobre la riqueza de su vecino y su debilidad interior, fueron cruciales para avivar el deseo norteamericano de conquista. Finalmente, Humboldt, Bonpland y Montúfar regresaron a Europa desde Filadelfia, llegando el 30 de junio de 1804 a Francia.

En París conoció a Simón Bolívar, quien decía que Humboldt era «el descubridor científico del Nuevo Mundo, cuyo estudio ha dado a América algo mejor que todos los conquistadores juntos». Humboldt fue un crítico del sistema esclavista y se refirió a la explotación inhumana en muchas oportunidades.

Hallazgos

Uno de los hallazgos derivados de sus expediciones a lo largo de un lustro es el estudio sobre el vulcanismo.

Durante su estadía en el Perú, pudo percatarse de la diferencia de temperaturas del océano Pacífico en determinadas épocas del año, especialmente las aguas frías que provienen desde el sur en su desplazamiento hasta el norte, de allí comenzó a llamarse a esta corriente oceánica con su nombre.

Se le atribuye a su mente febril la invención de nuevos términos como isotermas, isoclima, isodinámicas, tempestad magnética y Jurásico. Demostró que no puede haber conocimiento científico sin experimentación verificable.

Esta pintura de Friedrich Georg Weitsch muestra a Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland al pie del volcán del Chimborazo. Foto: Wikimedia Commons.
Esta pintura de Friedrich Georg Weitsch muestra a Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland al pie del volcán del Chimborazo. Foto: Wikimedia Commons.

La distribución de plantas a lo largo del volcán Chimborazo (Ecuador), al que ascendió en 1802 se puede considerar como una verdadera epifanía científica, dado que le permitió conectar todas las especies vivientes de acuerdo con su altitud y latitud; con 6268 m es el pico más alto del mundo si se mide desde el centro de la Tierra y el más cercano al espacio.

Mientras que muchos científicos estaban tratando de clasificarla y ordenarla, para Humboldt la naturaleza es una vasta red, toda conectada entre sí por las fuerzas de la vida, desde el insecto más pequeño hasta el árbol más grande, bajo una fuerza global. En 1801, Humboldt advirtió que los seres humanos estaban impactando la naturaleza y destruyéndola, justamente al estar toda relacionada entre sí y ya en 1832 detalla que la deforestación, la irrigación y agricultura masiva y los gases industriales van a afectar a nuestro planeta si se continúa sin control. Una visión notablemente anticipada. Mucho tiempo después, en 1965, el científico inglés James Lovelock llamaría al “ser vivo” de la Tierra como Gaia.

Su obra

Se estableció en París entre 1804 y 1824, donde recopiló y publicó el material recogido en su expedición en colaboración con otros científicos. Dedicó el volumen consagrado a geología a su amigo Goethe (1749-1832), quien fuera uno de sus maestros.

Su obra bibliográfica es extensa, sin embargo, son dos las que se pueden considerar magnas. La primera de ellas (30 volúmenes) escrita originalmente en francés entre 1799 y 1804 y titulada Le voyage aux régions equinoxiales du Nouveau Continent (Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente), por Humboldt y Bonpland (París, 1807). La segunda obra de gran relevancia es Kosmos (Cosmos, 1845-1862), iniciada cuando Humboldt tenía 76 años, que fue la coronación de su vida. Describe en cinco volúmenes todos los conocimientos de la época sobre los procesos terrestres y celestes. La idea de este trabajo deriva del deseo de comunicar una descripción gráfica del mundo físico que él había estudiado y observado durante casi medio siglo. Con ello, sentó las bases de la geografía física, biogeografía moderna, meteorología y geofísica.

Sus múltiples publicaciones están escritas con estilo, no son académicamente parcas, sino que contienen evocativas descripciones del paisaje y la naturaleza y están llenas de datos científicos, por lo que eran aptas para un público amplio. Además, están exquisitamente ilustradas, algunas con imágenes a color, con lo cual fue precursor de las infografías en las ciencias.

Estos trabajos fueron best-sellers internacionales y lo hicieron el hombre más famoso del mundo, hasta que fue olvidado. Muere pobre un 6 de mayo de 1859 con 89 años en Berlín y sus restos descansan en el palacio de Tegel.

Pese a su monumental obra, en los libros recientes sobre la historia de las ciencias y el aporte de los científicos, a Humboldt apenas se le menciona. No obstante, sus escritos sí fueron trascendentales en cada país que visitó.

Prismas basálticos de Santa María Regla, hechos por Alexander von Humboldt, para el libro Vue des Cordillères et monuments des peuples indigènes de l'Amérique (Vista de la Cordillera y monumentos de los pueblos indígenas de América). Imagen: Wikimedia Commons.
Prismas basálticos de Santa María Regla, hechos por Alexander von Humboldt, para el libro Vue des Cordillères et monuments des peuples indigènes de l'Amérique (Vista de la Cordillera y monumentos de los pueblos indígenas de América). Imagen: Wikimedia Commons.
Humboldt y Costa Rica

Aunque el varón Humboldt nunca estuvo en América Central, en 1826 realizó un pequeño ensayo sobre esta región. Sí tuvo su influencia en nuestro país, ya que los naturalistas Hoffmann y von Frantzius, que tanto aportaron a Costa Rica, se presentaron en 1854 ante el presidente Juan Rafael Mora con una carta de recomendación de Humboldt.

Por otro lado, en su obra Kosmos, asocia erróneamente a varios cerros con volcanes activos (Chirripó, Kámuk o Pico Blanco) y describe otros con erupciones como el Orosí, que, al parecer, no ocurrieron.

A Humboldt no solo se le considera el padre de la geografía moderna universal sino que fue un polímata como ningún otro, un sabio que se especializó en diferentes campos: etnografía, humanismo, antropología, lingüística, física, astronomía, zoología (particularmente la ornitología), botánica, climatología, hidrología, oceanografía, geografía, geología, mineralogía, sismología y vulcanología. Una verdadera antítesis de la especialización que impera hoy día en la Academia.

Para conmemorar los 250 años de su nacimiento, la embajada de Alemania en Costa Rica (al igual que otras entidades latinoamericanas y europeas) tiene planeada una serie de actividades. Como corolario y un tributo mínimo a su gran obra, se acaban de describir en Costa Rica dos nuevas especies endémicas de escarabajos, Onthophagus humboldti y Uroxys bonplandi, este último en honor a su compañero científico previamente citado, el francés Bonpland. Además, un centro de educación privado y la calle 98 de Pavas, llevan su nombre.

*El autor es geólogo y miembro de la Academia Nacional de Ciencias y de la Academia de Geografía e Historia.