
Hace 20 años, Esteban Ramírez no estaba pensando en tocar en el Vive Latino, tampoco en llenar escenarios de México o convocar a miles de personas para escucharlo tocar gratis en La Sabana. Hace 20 años, en un recreo de colegio, con los amigos con los que formó una banda, tenía solo una preocupación: encontrar un nombre para el grupo... Finalmente, un diccionario les dio la respuesta: Percance.
El nombre era irreverente, sonaba fuerte y hasta divertido. No podían ser presentados como “los de la sección 11-3″; tenían que llegar al escenario bien identificados con un nombre que los definiera y la rebeldía de aquella palabra les quedó a la perfección.
La anterior es una de las anécdotas que forman parte de las dos décadas de vida de Percance, esa banda colegial que a punta de amor y mucha pasión se convirtió pronto en un referente de la música costarricense, al igual que aquellos grupos que admiraban: Gandhi y Kadeho.
De aquellos adolescentes que buscaban en un diccionario un nombre, solo queda en el escenario Esteban, quien se niega a abandonar el sueño por el que ha luchado durante dos décadas.
Hoy, Esteban y un renovado Percance regresan a suelo tico para festejar sus primeros 20 años en la música. Apagarán velitas con un concierto muy especial, el cual se realizará el 7 de noviembre en el CIC Ande, en Belén.
Soñar era gratis; hacer que ocurriera, no
Fue en marzo del 2006 cuando ocurrió el gran debut de Percance; fue en un concierto de Kadeho al que fueron invitados como acto de apertura. Así comenzaron su venturoso camino.
“No fue que armamos Percance y dijimos: ‘Ahora sí, esta es la que es’. Era un intento más de las varias bandas que habíamos formado desde octavo año del cole. Sin embargo, con Percance empezaron a abrirse puertas y, cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en la espiral de esta carrera y ya no había forma de parar”, recordó el músico en entrevista con La Nación, previo al show de aniversario.
La banda creció rápido y su resonancia nacional también. Poco a poco fueron haciéndose un nombre y, aunque apenas eran unos “chamaquitos de cole”, se pusieron manos a la obra para llevar a Percance a otro nivel.
Un consejo de Mechas, vocalista de Kadeho, los llevó a dar un paso importante en su carrera. Los muchachos tenían ahorros para grabar un disco; pero el experimentado artista les recomendó grabar una canción, pero bien hecha.
Hicieron caso, en parte. En lugar de producir un disco completo, lo que hicieron fue grabar un EP, que a la postre los llevó a volcar la mirada del público tico hacia ellos. Así fue como nació Soñar es gratis, su primera producción de estudio que tenía piezas que ahora son icónicas, entre ellas Sin pensarlo, No vuelvas, Me lo tomo todo y 13 botellas.

La música comenzó a circular en Internet, específicamente en MySpace. Muchos creían que lo que escuchaban era una banda argentina, pero no, era 100% tica.
Aunque suene fácil, no fue así... Poco a poco fueron llegando las radios, los conciertos y las nominaciones a premios. Apenas dos años después de su debut, Percance estaba en España recogiendo un Premio Los 40 como mejor artista de Costa Rica.
“Pasamos de ser unos chamaquillos a estar nominados con bandas que yo veía como mi inspiración. Fue como que nos infiltramos en el sistema y lo hackeamos”, recordó Esteban sobre aquellos primeros momentos de gloria.
El ascenso, sin embargo, también tuvo un lado difícil. Percance recibió críticas y encontró resistencia dentro de sectores de la escena musical. Pero se lo tomaron por el lado amable y, más bien, los señalamientos los envalentonaron.
“Al principio no entendíamos por qué. Era como: ‘¿Pero qué estamos haciendo mal?’. Sentíamos que nos estaban tirando piedras y todas nos pegaban”, contó Ramírez.
Con el tiempo, como pasa en la vida, entendieron que no podían depender de que otros les dieran un espacio y los validaran. Todo caía sobre sus propios hombros: el trabajo, la constancia y la perseverancia; valores que los llevaron a sortear todos los obstáculos hasta el sol de hoy, que se cumplen 20 años desde su debut.

“Detectamos que tal vez no estábamos calzando tanto en una escena, entonces decidimos construir nuestro propio público. Si no nos querían invitar a conciertos, nosotros hacíamos los nuestros. Si no nos querían en un lugar, nosotros hacíamos nuestro lugar”, explicó el artista.
Así las cosas, en el camino, Percance produjo sus propios espectáculos, incluso festivales gratuitos con grandes invitados internacionales; organizaron giras, grabaron discos y videos y construyeron una estructura empresarial alrededor de la banda. “Si no nos quieren invitar a su fiesta, nosotros hacíamos nuestra propia fiesta”, dijo Ramírez.
Esa lección terminó siendo fundamental.
Cambia, todo cambia: los caminos de la vida
Toda la experiencia acumulada en casi dos décadas de historia no tenía preparado a Esteban para una de las decisiones más fuertes de su carrera y de Percance.
Una conversación que jamás esperó tener llegó. La vida de los integrantes empezó a cambiar. Ya no eran los adolescentes ni los adultos jóvenes que emprendieron el camino; llegaron las familias, nuevas responsabilidades, negocios y decisiones. Los compañeros de escenario tenían otras aspiraciones y la música ya no era parte de sus planes.
Y Esteban tuvo que preguntarse qué quería hacer él. “Creo que fue el momento más trascendental de mi vida. Fue decidir entre seguir haciendo lo que amo y me ilusiona, aunque requiriera esfuerzos exagerados, o abandonar la idea”, contó.
“Era como estar entre la espada y la pared: ¿Sigo mi corazón y mi intuición, los sueños del chamaquito, o entiendo que esta puerta se cerró?”, se cuestionó.
La respuesta tardó dos semanas en llegar, pero asegura que fue la mejor para él. Irse del país, dejar su familia, su casa y su estabilidad para buscar nuevos horizontes fuera de nuestras fronteras y así llevar a Percance a uno de sus sueños más locos: la internacionalización. México fue el destino.
“Mis amigos ya no querían. Cada uno tenía su pareja, sus hijos, su negocio, su esto y aquello. Yo dije: ‘Bueno, sí, pero ellos. Yo no’”, explicó.
Y en abril del 2024 se mudó a Ciudad de México para emprender una nueva etapa de Percance. En ella encontró nuevos colegas, nuevos cómplices, nuevos retos y nuevos espacios que estaban muy lejos de lo que soñó hace 20 años.
Esteban reconoce que, sin sus amigos, no hubiera logrado nada; para ellos solo tiene palabras de cariño y agradecimiento, e insiste en que cada uno escribió su nombre en la historia de Percance. Pero Ramírez tenía claro una cosa: tenía que seguir, con toda la fuerza, porque el hecho de que los caminos se separaran no significaba que él tenía que abandonar el suyo. “Ellos tenían sus razones válidas y fuertes. Mi corazón quería seguir”, expresó.
México, desde entonces, le ha dado retos, enseñanzas y mucho trabajo. No es fácil encargarse casi en solitario de la empresa y del arte al mismo tiempo; pero se ha logrado con creces.
En tierras aztecas, Ramírez armó una nueva formación y empezó la nueva etapa del grupo. Con el nuevo ensamble, abrió un concierto de Elefante en el Auditorio Nacional, logró un sold out en solitario en el Lunario y, posteriormente, Percance se presentó ante 20.000 personas como banda invitada de Los Caligaris, en la Arena Ciudad de México.
Y, por si fuera poco, también llegó el Vive Latino. Fueron parte del cartel de invitados a la edición 2026 del afamado festival, un logro que ni en sus sueños más locos hubiera aparecido.
En medio de tanta algarabía, Costa Rica era un pendiente. Había algo en el corazón de Esteban que no lo dejaba quieto y era volver a su tierra para estrenarse por segunda vez. Esta vez, retornaría con una propuesta renovada que en México gustó, pero que tiene delante de sí una prueba con toques de nostalgia: convencer a los ticos de que la versión 2026 de Percance es tan buena como la que, hace varios años, vieron nacer.
En marzo de este 2026, la respuesta a la incógnita de cómo sería su regreso la recibieron en el Festival Internacional de las Artes. Fue un lleno impresionante, con el público costarricense recibiendo a Esteban y a Percance con un gran abrazo. “Para mí fue decir: ‘Ok. La gente sigue creyendo’”, recordó.
Una prueba más, un concierto personal
Si de pruebas superadas se habla, Esteban es la definición de perseverancia. Se ha topado con muchas puertas cerradas, pero de alguna u otra forma, abre una ventana y se mete por ahí a punta de trabajo y constancia.
Eso lo ha logrado con gran confianza en sí mismo y en el proyecto de Percance, la misma que ahora lo trae de vuelta a su hogar para festejar con los ticos los primeros 20 años de trayectoria.
El concierto del 20 aniversario
Percance celebrará una fiesta por su 20 aniversario en el CIC Ande, en Belén.
Fecha: 7 de noviembre.
Entradas a la venta en: eticket.cr.
Precios y localidades:
- La banda más fiestera (+ de 18 años): ¢28.800.
- Mae Wey (+ de 18 años): ¢19.800.
- Gira el mundo (todo público): ¢26.800.
- Cantando canciones (todo público): ¢23.800.
El encuentro será el 7 de noviembre en el CIC Ande, en Belén. Esteban estará acompañado por los músicos de la nueva formación de Percance y espera sumar invitados especiales, quienes han sido parte importante a lo largo de la historia de la agrupación.
El concierto será para él un espacio íntimo y tendrá un sabor muy diferente, ya que antes, con la banda en Costa Rica, todos se dividían el trabajo de producción. Ahora, Esteban es quien está al mando de toda la preparación, y es por eso que se dará algunas licencias especiales.
“Voy a tocar Mi viejo, que es una canción que le hice a mi papá y que nunca había tocado en vivo. También Hierba buena, que es de mi etapa de solista, y un par de covers de canciones que personalmente me encantan”, reveló.
El show también será una oportunidad para mostrarle al público costarricense quiénes son los músicos que ahora lo acompañan desde México.

“Quiero presentarles a los compas y que vean cómo el proyecto sigue creciendo a pesar de haber sufrido cambios tan importantes”, dijo.
En esta fiesta, Esteban espera que el público que los acompañe sea tan diverso como la propia historia de la banda. Quiere ver ahí a quienes crecieron con las primeras canciones, a aquellos que se escaparon de adolescentes para ir a sus conciertos y hasta a la generación más joven, la cual conoce al grupo porque sus papás lo escuchan en la casa.
El concierto celebra un viaje que comenzó hace dos décadas, cuando un grupo de muchachillos de cole buscaba un nombre en el diccionario. Hoy, aquel nombre no solo identifica a una banda: se escribe con mayúsculas en la historia de la música costarricense. PERCANCE.
