Una abuela amorosa le cuenta a su nieto las anécdotas que viven en sus recuerdos. Habla con amor y orgullo de la migración jamaiquina, la construcción del ferrocarril, el banano, el café, la espiritualidad, la infancia, los bailes de salón, el carnaval, el calipso y la herencia indígena. En la imaginación del niño, estos cuentos se escuchan con música y voces que narran uno a uno los relatos.
Eso es Caribe Sinfónico, el disco que produjo la Fundación SONAR para recordarnos que Costa Rica también se construyó desde el Caribe y sus herencias, tanto afros como indígenas.
El disco es la historia hecha canción. La producción reúne el lenguaje de la música sinfónica con el calipso, las voces de distintas generaciones y las composiciones literarias del escritor Quince Duncan.

Las letras de las piezas están inspiradas en los textos poéticos Las Invocaciones, del autor limonense. Por su parte, la música es ejecutada por la Orquesta Sinfónica Nacional, con arreglos y composiciones de Bernardo Quesada y Alonso Torres, y bajo la dirección del maestro Alejandro Gutiérrez.
Además, el álbum cuenta con las interpretaciones de Kawe Calypso, MasterKey, Charlene Stewart y Ulises Grant, además del Coro Sinfónico Nacional y el Coro Infantil del Instituto Nacional de la Música, entre otros artistas invitados.
El disco reúne el calipso y las palabras en bribri y en kryol, como un recordatorio de que la diversidad también se escucha en las lenguas con las que un pueblo cuenta su historia. Los cantos transmitidos entre generaciones y el lenguaje sinfónico conforman un viaje digno de escucharse con amor y orgullo.
Inspiración, trabajo y resultado final
Irene Monterroso, de la Fundación SONAR, comentó que la iniciativa de producir Caribe Sinfónico está ligada a una pregunta, la cual terminó por convertirse en una oportunidad para mirar de otra manera la diversidad cultural costarricense.
“Nosotros hicimos un primer proyecto en donde participó la Orquesta Sinfónica Nacional y varios grupos independientes, y recuerdo que en una conversación con la producción se cuestionó si debíamos incluir o no el calipso de Limón, que finalmente no se incluyó”, relató Monterroso en entrevista con La Nación.
Aquella conversación provocó una reflexión dentro de la fundación: ¿Cómo era posible que una expresión musical tan arraigada en la identidad costarricense quedara fuera de una producción de esa naturaleza? La acción para responder a esa cuestionante fue buscar a Duncan, escritor, investigador y activista afrocostarricense, cuya trayectoria y conocimiento de la cultura afrocaribeña resultaban fundamentales para darle forma a la iniciativa.
“La cultura afrocaribeña es parte de nosotros, de nuestra herencia común. Caribe Sinfónico permite contar esa historia desde la música, la memoria, las personas y las experiencias que han dado forma al Caribe y también a Costa Rica. Reconocer esa herencia es también reconocernos como el país multiétnico y pluricultural que somos”, expresó Duncan en un comunicado de prensa.
Así fue como nació Las Invocaciones, una serie de textos escritos específicamente para el proyecto. En ellos, una abuela afrolimonense comparte con su nieto las historias de sus antepasados y lo conduce por episodios que marcaron el desarrollo histórico y cultural del Caribe costarricense.

“Si vos leés los poemas que él hace, estos poemas en prosa son muy pictóricos. Y después de ahí pasás a la música, donde los compositores hacen creaciones propias; eso es lo que el arte te da”, agregó Monterroso.
Para la representante de la Fundación SONAR, la fuerza de la propuesta está en que el acercamiento a la historia no se limita a la transmisión de información y que en Caribe Sinfónico el conocimiento entra por los sentidos, por el corazón.
En este aspecto, Monterroso recordó con cariño un momento especial que se dio durante la grabación del disco, justo cuando el Coro Sinfónico Nacional interpretó las piezas en bribri. “Recuerdo haber visto lágrimas en algunos de los cantantes”, contó.
Otra de las fortalezas del proyecto recae en la convocatoria de intérpretes experimentados y artistas jóvenes en una convergencia ideal para transmitir el mensaje. En esa mezcla generacional, el patrimonio cultural deja de ser una referencia distante y se convierte en una experiencia compartida por muchas edades.
Un aporte que va más allá del disco
El disco Caribe Sinfónico es uno de los principales resultados del proyecto; sin embargo, la iniciativa no termina con la última canción. La fundación busca que las historias y las expresiones de la grabación encuentren espacio en las aulas y en las comunidades, de modo que su alcance trascienda los escenarios.

Actualmente, la Fundación SONAR trabaja en una plataforma educativa con música, ilustraciones y otros recursos que pretende donar al Ministerio de Educación Pública (MEP) para su utilización en el sistema educativo, desde preescolar hasta la universidad. Habrá guías didácticas que se desarrollarán junto a Duncan, el departamento intercultural del MEP y profesores de la Universidad de Costa Rica.
Otro detalle que adelantó Monterroso es el trabajo que la fundación prevé desarrollar junto con Naciones Unidas para incorporar estos materiales en iniciativas con jóvenes de Limón.
La meta parece sencilla, pero es muy compleja: que el reconocimiento de la herencia cultural no se quede en una celebración ocasional, sino que contribuya a fortalecer la identidad, el conocimiento y el sentido de pertenencia.
Actualmente, el disco Caribe Sinfónico se puede escuchar en Spotify, YouTube, Apple Music, Amazon Music, TIDAL y Deezer.
