
Cuando Nicolás tenía cuatro años, su mamá, Ximena García, notó algo inusual en su mirada. No pasaba siempre, era una desviación sutil y esporádica en uno de sus ojos. Al principio, pensó que el niño simplemente veía mal o que era producto de la forma en que miraba la televisión, pero el problema se hizo más evidente con los días.
“Empezamos a notar como ligeros estrabismos de un ojito nada más”, recuerda Ximena.
Tras buscar una valoración médica, llegó el diagnóstico: Nicolás tenía estrabismo, una condición que impide que los ojos se alineen y enfoquen un mismo punto al mismo tiempo.
Lo que debe saber:
- El estrabismo puede estar presente desde el nacimiento o aparecer posteriormente y no siempre se manifiesta de la misma manera.
- Además de la desviación de un ojo, un niño puede cerrar un ojo con mucha luz, acercarse demasiado a los objetos o tener dificultad para enfocar.
- Detectarlo a tiempo permite definir el tratamiento que necesita cada niño y proteger el desarrollo de su visión.
Lo que sucedió después del diagnóstico de estrabismo
Como primera medida, los médicos le recetaron anteojos. La familia intentó de todo antes de llegar al quirófano.
“Siempre tratamos como de buscar todos los recursos antes de llegar a una cirugía, (buscamos) como lentecitos, como tapar un ojito, hacer ejercicios y demás en casa”, cuenta su mamá.
Sin embargo, la posibilidad de operar seguía latente, una idea que la aterraba por tratarse de un niño tan pequeño. La edad de Nicolás, no obstante, jugaba a su favor, y su doctora le explicó que la cirugía era la mejor decisión para proteger el desarrollo de su visión.
“Yo como mamá siempre me sentí muy asustada en realidad porque me asustaba mucho el hecho de que tuviera que requerir una cirugía”, relató.
El día de la cirugía y su recuperación
El día llegó en octubre de 2025 en MAGNA Médica, gracias a una alianza entre la Fundación Mercy Outreach Surgical Team (MOST), PediaClinic y el Hospital Metropolitano. Acompañada por los abuelos del niño, Ximena no podía ocultar los nervios. Nicolás, en cambio, se mantuvo sereno.
“Él siempre estuvo muy tranquilo en la forma en la que lo atendieron, que incluso lo distraen y demás entonces también me hizo sentir como mucha calma incluso cuando él entró a cirugía, sí, yo me puse súper nerviosa”, contó.
Al terminar, un miembro de la fundación le entregó a su hijo en brazos. Ese instante le cambió la perspectiva: “Uno nunca se da cuenta de la importancia de estas fundaciones hasta que lo vive en carne propia”.
Después de la cirugía: así fue la recuperación de Nicolás
Después de la operación, Nicolás se convirtió, como lo describe su mamá, en el chineado de la casa.
Lo que más les preocupaba era verlo con los ojos rojos. Sin embargo, el enrojecimiento desapareció rápidamente y el niño no presentó complicaciones.
“Nico se recuperó muy rápido porque nunca tuvo ninguna complicación”, recuerda Ximena.
Según cuenta, Nicolás descansaba cuando lo necesitaba y luego volvía a jugar. Después de la operación, pudo mantener una vida normal, mientras la familia seguía pendiente de su recuperación.

Más allá de la desviación: señales de alerta de estrabismo
La desviación de uno de los ojos es la señal más conocida, pero no es la única. Un niño con estrabismo puede presentar estas señales:
- Parpadear con frecuencia.
- Cerrar un ojo cuando está bajo una luz brillante.
- Tener dificultad para enfocar objetos.
- Presentar visión doble ocasional.
- Acercarse mucho a los libros u otros objetos para verlos.
- Tener dificultad para calcular distancias.
Si usted nota alguna de estas señales en su hijo, es recomendable consultar con un oftalmólogo pediátrico.
Joaquín Acuña, director de PediaClinic, explicó que el estrabismo puede ser congénito o adquirido y que, si no se atiende oportunamente, puede afectar la visión y el desarrollo visual del niño.
El tratamiento depende de la causa y de la edad del niño. Puede incluir lentes correctivos cuando hay problemas de refracción, parches para estimular el ojo con menor visión, toxina botulínica o cirugía para corregir la desviación.
Un año después, Nicolás volvió a valoración
El proceso no terminó en la sala de operaciones; el seguimiento es vital para asegurar que los ojos mantengan una buena alineación. Un año más tarde, Ximena llevó a su hijo a revisión tras escucharlo decir que veía “puntitos” por un ojo. Sabían que existía el riesgo de una segunda cirugía si la desviación regresaba, pero los especialistas confirmaron que esta vez bastaba con nuevos lentes.
Después de vivir todo este proceso con Nicolás, Ximena tiene un mensaje para otras familias:
“Uno como mamá a veces desconfía de lo que tal vez es ‘gratis’. Es un poco contraproducente, pero yo recomendaría esta oportunidad al mil por mil. A pesar de que atienden a mucha gente, el trato y el diagnóstico son muy individualizados”, dijo.
“Creo que también es una muy buena oportunidad para ellos como niños tener como esas oportunidades de pequeños donde la recuperación incluso es más favorable a ellos a uno tal vez estar más grande”, agregó.
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