
Gael tiene un año y 10 meses y, como cuenta su mamá, es un niño feliz, saludable e inquieto al que le gusta descubrir cosas nuevas. Un día, después de cumplir su primer año, durante una revisión pediátrica fue diagnosticado con criptorquidia, cuando el médico encontró que uno de sus testículos no había descendido.
Erika Rodríguez, mamá de Gael, explica que él no tenía ningún síntoma o malestar, pero durante la consulta, notaron que el testículo izquierdo no había bajado y que el derecho sí, pero no permanecía fijo en la bolsa escrotal.
Lo que debe saber:
- La criptorquidia puede afectar a uno o ambos testículos y muchas veces se detecta durante una revisión médica.
- Si el testículo no desciende por sí solo, el médico puede indicar una cirugía para llevarlo hasta la bolsa escrotal.
- Atenderla durante los primeros años ayuda a reducir el riesgo de problemas de fertilidad y otras complicaciones en la adultez.
Una revisión de rutina permitió detectarlo
Rodríguez cuenta que la familia no había notado ninguna señal que hiciera pensar que Gael tenía un problema.
“Realmente él no presentó ni un síntoma, sino que por una visita médica con el pediatra, las citas regulares que tiene él cada cierto tiempo, el doctor lo revisó”, relata.
Durante esa consulta, el médico encontró que los testículos no habían descendido por completo.
A partir de ese hallazgo, el pediatra les explicó que era conveniente buscar una solución quirúrgica ya que, de no hacerlo, entre las posibles consecuencias que les mencionó estaban problemas como una torsión o estrangulamiento testicular, cáncer y dificultades para tener hijos en el futuro.
Entonces, la familia de Gael comenzó a buscar cómo acceder a la cirugía.
La espera comenzó en el puesto 996 de la lista
Los padres acudieron al Hospital Nacional de Niños (HNN). Allí, Gael fue incluido en una lista de espera para este tipo de procedimiento ya que, según cuenta Erika, los médicos le dijeron que lo que los casos de criptorquidia son muy frecuentes.
Cuando entró en la lista ocupaba el puesto 996. Desde entonces ha avanzado, pero todavía no había llegado su turno.
“Él era el 996 y ahorita él va por el 570, entonces ya se podrá imaginar la cantidad de niños que están en espera para ese tipo de operación”, relató.
Mientras tanto, la familia continúa llevando al niño a controles médicos. Sin embargo, el pediatra les indicó que lo recomendable es que Gael sea operado antes de los 3 años. También les recomendaron evitar que levantara mucho peso, aunque su mamá reconoce que esa indicación no siempre es sencilla de seguir con un niño pequeño.
“Es un niño y obviamente anda inquieto”, comenta.

Un correo de trabajo les abrió otra posibilidad
Mientras esperaban una fecha para la cirugía, a Erika le llegó un correo de su trabajo con información que podía cambiar el rumbo del proceso.
Cuenta que por medio de ese correo conoció la jornada del programa internacional Mercy Outreach Surgical Team (MOST) y decidió llenar el formulario para que Gael pudiera ser tomado en cuenta.
La jornada se desarrolla del 27 al 30 de agosto e incluye 164 cirugías pediátricas gratuitas: 24 por criptorquidia y 140 por estrabismo.
Gael llegó temprano. Tenía su cita programada para las 7:30 a. m. y, mientras esperaba, recorría con alegría los pasillos del lugar.
Para su familia, la posibilidad de acceder a la cirugía representa también una forma de acortar una espera que todavía podía extenderse.
“(Me siento) bastante bien, la verdad, porque aparte de la lista grande que hay en el Hospital de Niños de espera, una cirugía de este tipo por aparte en una clínica privada puede rondar perfectamente los ₡2 millones”, explica.
Una condición que puede pasar desapercibida
La criptorquidia ocurre cuando uno o ambos testículos no descienden hasta la bolsa escrotal. Según Joaquín Acuña, director médico de PediaClinic, el testículo puede encontrarse en el canal inguinal o incluso en la cavidad abdominal.
Por eso, el examen físico del recién nacido y los controles posteriores permiten comprobar la presencia de ambos testículos en la bolsa escrotal.
Cuando se confirma el diagnóstico, el niño debe ser valorado para definir el seguimiento y si necesita una cirugía. Acuña señala que, cuando está indicada, lo ideal es hacerla entre los 6 y los 12 meses.
En el caso de Gael, el diagnóstico llegó después del año. Su mamá recuerda que en una cita regular no habían detectado el problema y que fue durante una consulta privada cuando finalmente lo identificaron.
Por eso, su recomendación a otros padres es mantener los controles y, si tienen la posibilidad, buscar una valoración médica cuando tengan dudas.
