Revista Dominical

Irazú, 1963: Sombras de gris

Las cenizas del Turrialba trajeron un baño de recuerdos. El volcán Irazú había abierto sus fauces en 1963, y ‘La Nación’ reportó como los pastos, las calles y las fiestas se convirtieron en obra gris.

Caminante durante lluvia de ceniza en San José,  marzo, 1963.
Caminante durante lluvia de ceniza en San José, marzo, 1963. Francisco Coto / Cortesía de la Fundación Francisco Coto

Tres semanas antes de que la montaña empezara a toser, el periódico La Nación publicó una nota coqueta. El texto describe un paisaje que ahora parece más una toma panorámica en una película de desastres antes de la calamidad: “La carretera al volcán Irazú –una de las más bellas de América–, de Cartago en adelante, va aprisionando la escarpadura, y en vigoroso serpenteo domina a la montaña, llegando a los mismos cráteres, a la laguna y al picacho”.

Aquella vía se convirtió, en marzo de 1963, en una espiral que guiaba a lo que hoy llamaríamos una Zona Cero. El picacho sería una boca enfisémica que llenaría el país de una polvareda tóxica para las gentes y la economía.

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