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Los hechos derriban mitos sobre la ruta 27

Los costarricenses seguiremos pagando la factura de priorizar los dogmas ideológicos

Federico Villalobos
Federico Villalobos

Desde enero del 2010, cuando el entonces presidente de la República, Óscar Arias, inauguró el proyecto de concesión San José-Caldera, el dogma ideológico en contra de la inversión privada en infraestructura ha guiado múltiples críticas sin mayor fundamento. Se escuchan argumentos como “esa carretera fue más costosa que proyectos similares en Europa”, “esa carretera ya se pagó”, “esa carretera ya estaba hecha”, “ahí hay elementos oscuros”, etc. Sin embargo, como en todos los temas de interés nacional, los hechos y la técnica deben imperar. Y en este caso, los hechos derriban con facilidad los mitos generados en torno a este importante proyecto vial.

“Solo pintaron la carretera”. Falso. Es muy fácil acostumbrarse al nivel de servicio que da la ruta y olvidar lo que era antes de la concesión. En la sección Sabana-Ciudad Colón (14 km) se reconstruyó toda la estructura de pavimento, se amplió a tres carriles por sentido (antes eran dos) desde el acceso de la Circunvalación hasta Multiplaza, se incorporaron carriles de aceleración, se ampliaron los puentes sobre los ríos Tiribí y Agres y se mejoraron los intercambios. Se construyó la sección Ciudad Colón-Orotina (39 km) con secciones a tres carriles y sus respectivos pasos a desnivel. En la sección Orotina-Caldera (24 km) se reconstruyó toda la estructura de pavimento, se mejoraron intercambios y se incorporaron bahías para autobús, entre otras acciones.

Este proyecto mejoró sustancialmente la conexión entre la Gran Área Metropolitana (GAM) y el Pacífico, lo que permite trasladarse en corto tiempo. Antes era un viaje complicado por Cambronero o el Aguacate. Asimismo, la calle generó una ola de desarrollo comercial y residencial a lo largo de todo el corredor y un impulso positivo a la actividad turística en el Pacífico costarricense.

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