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Las apariencias engañan

Basta con oír Malas compañías una sola vez para quedar ya enganchado al programa

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Inusual y escandaloso. En un país –o sea, en este– donde, de boca para fuera, por encima y superficialmente, todo es tan delicado, puro, pulcro y correctísimo, casi como en un convento, aunque, por debajo, ocultamente, la gente se pase leyes, reglas y muchísimas cosas más por donde la espalda pierde su honroso nombre, eso es una gran locura y hasta un riesgo.

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