26 agosto, 2015

Friedrich Nietzsche es, sin lugar a dudas, uno de los más importantes filósofos de todos los tiempos, y sus textos tienen vigencia en cualquier contexto social imaginable, como la siguiente cita de su obra cumbre Así habló Zaratustra: “No, yo no doy limosna. No soy suficientemente pobre”.

El filósofo entiende a la perfección que la naturaleza de la limosna es destructiva; es el acto de dar una cantidad mísera de lo que se tiene, y por ello la rechaza.

El sabio protagonista del libro no es pobre en empatía humana, por lo que entiende que para que la ayuda pueda dársele al necesitado, esta debe ser significativa, de forma tal que le permita dejar su desgracia, y sin duda alguna debe ir más allá de algunas monedas o migajas de pan.

La caridad no saca a nadie de la pobreza, debido a la dependencia que genera en quien carece de los recursos para desarrollar una actividad que le permita salir adelante económicamente.

Una persona que vive de dádivas, y no tiene los medios (o el interés) para mejorar su condición, sin ninguna duda vivirá el resto de sus días en la miseria.

Entonces, es bastante fácil concluir que lo último que debe hacerse para sacar a alguien de la pobreza es precisamente darle una limosna.

Ideas como darle un pequeño monto a familias en pobreza, que no alcanza para comer bien, pero sirve para no morir de hambre, no contribuyen a combatir la pobreza.

Proyectos como el del impuesto al valor agregado (IVA), propuesto por el Gobierno, golperían fuertemente a la cada vez más escasa clase media costarricense, sin que esto implique una mejora sustancial a mediano y largo plazo en las condiciones de vida de los costarricenses más necesitados.

La única forma de sacar a las personas de esta condición es facilitando su participación activa en los procesos de producción, no con microayudas económicas. Sin una banca de desarrollo de verdad, sin un sistema educativo realmente inclusivo y de calidad, cualquier propuesta no es más que una utopía.

Por ahí hay que empezar si queremos verdadera movilidad social, que solo será posible con acciones sociales solidarias, como las que propongo en este último párrafo.

Concluyo recordando al escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien decía que “la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”.

César Castro A. es estudiante universitario.