El periódico La Nación publicó en su versión digital, el 6 de abril, y en su edición impresa, el 7 de abril, un artículo (“Tránsito de felinos comprueba conectividad entre Tortuguero y Pacuare”) sobre una investigación de jaguares llevada a cabo en el Caribe de Costa Rica. El artículo es interesante por la forma como se refiere a los resultados encontrados y porque nos informa y educa en aspectos de nuestras especies de vida silvestre. Hasta aquí todo muy bien, pero afirma que “si bien no existen casos de ataques de jaguares a personas, (el jaguar) no deja de ser peligroso”, lo cual no tiene asidero científico.
En contradicción con lo investigado, se reafirma el mito y la creencia popular de que estos hermosos felinos son peligrosos, y con ello se justifica su sacrificio cuando se acercan a poblados humanos. Este mismo argumento, entre otros, se utilizó en una resolución del Área de Conservación Tortuguero para fundamentar el cierre a la visitación de turistas a la playa de Jaloba, en el Parque Nacional Tortuguero, aunque se admite que los ataques de jaguares son poco frecuentes (y nulos en Costa Rica).
Los parques nacionales tienen como fin primordial conservar los recursos naturales que allí se encuentran, y las autoridades administradoras de las áreas protegidas pueden tomar medidas basadas en el principio in dubio pro natura (de precaución y prevención a favor de los recursos naturales). Lo que me parece incorrecto es ampararse, aunque parcialmente, en un argumento falaz para justificar una acción que pudo resolverse de otra manera. En Tortuguero, como en el resto del país, no se han dado casos de ataques de jaguares a personas y en el trópico americano solo hay reporte de tres ataques científicamente certificados. ¿Por qué, entonces, utilizar un argumento que no se sostiene y más bien deslegitima la mencionada resolución?
