Editorial

La política económica de Trump

Lo que se conoce tiene aspectos que pueden afectar de forma negativa a la economía mundial, incluidos los países en desarrollo

La política económica del presidente electo de los Estados Unidos es un mar de incertidumbre, contradicciones y falta de claridad. Lo que se conoce tiene aspectos que pueden afectar de forma negativa a la economía mundial, incluidos los países en desarrollo.

Entre los aspectos más negativos está el proteccionismo anunciado en detrimento de los países con quienes Estados Unidos mantiene una balanza de pagos deficitaria, como China y México. El objetivo inmediato es proteger al trabajador norteamericano no calificado de la competencia de la globalización, en vista de que muchas empresas han abandonado total o parcialmente su producción local, en busca de recursos más baratos, especialmente mano de obra. Esa práctica comercial, denominada off shoring (producción en el exterior) se ha generalizado en las últimas décadas por dos factores esenciales: la creciente mano de obra más barata en países emergentes y en desarrollo, cada vez más calificada, y los bajos aranceles de importación en el territorio norteamericano que permiten reimportar la producción a precios más competitivos.

El proteccionismo, sin embargo, es muy mal consejero. Marcha a contrapelo de la moderna teoría económica que recomienda la más amplia competencia internacional para asignar los recursos de la manera más eficiente posible, ignora las ventajas comparativas y competitivas, los tratados internacionales como el suscrito por EE. UU. con México y Canadá, y la esencia misma de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Otros organismos, como el Fondo Monetario Internacional, del cual EE. UU. es miembro fundador y uno de los más influyentes, también se oponen al proteccionismo, por las mismas razones de eficiencia económica y oportunidades sociales.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌