Editorial

Editorial: Oportunidades perdidas

456.000 niños y adolescentes viven en hogares en condición de pobreza o pobreza extrema, con el riesgo de mantenerse en esa situación el resto de sus vidas

21 de noviembre del 2013. Fotografías de familias pobres en varias comunidades de la provincia de Puntarenas. El INEC brindó el informe de la pobreza en el país. En la foto:casita ubicada a orillas del estero en el barrio Santa Eduviges en Puntarenas. La cercania del estero expones a los habitantes de la casa a continuas inundaciones durante a epoca de invierno.
21 de noviembre del 2013. Fotografías de familias pobres en varias comunidades de la provincia de Puntarenas. El INEC brindó el informe de la pobreza en el país. En la foto:casita ubicada a orillas del estero en el barrio Santa Eduviges en Puntarenas. La cercania del estero expones a los habitantes de la casa a continuas inundaciones durante a epoca de invierno. albert marin

Unos 456.000 niños y adolescentes viven en hogares en condición de pobreza o pobreza extrema. Corren el riesgo de mantenerse en esa situación el resto de sus vidas sin la intervención de políticas estatales capaces de romper el círculo de miseria identificado por infinidad de estudios.

La pobreza se hereda por varias vías y una de las más influyentes es la afectación del desarrollo cognitivo, físico y emocional. Expone a los niños a ambientes educativos desventajosos, con padres carentes de la formación necesaria para apoyarlos en el desarrollo de destrezas y la adquisición de conocimientos aunque logren mantenerlos en el sistema educativo. Solo la diferencia en el vocabulario al cual están expuestos los niños según su condición social explica grandes distancias en el aprovechamiento escolar del cual son capaces.

En la temprana infancia, la educación preescolar y los cruciales primeros años de primaria se echan las bases del éxito educativo futuro. Pasadas esas oportunidades, es difícil recuperar el terreno perdido en cognición, psicomotricidad, lenguaje, habilidades socioemocionales y de comunicación. Ese es justamente el momento de intervenir con políticas sociales aptas para compensar las carencias familiares.

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