Editorial

Devaluación del bono demográfico

La población adulta mayor demandará más servicios de salud y ejercerá presión sobre los regímenes de pensiones, pero la proporción de contribuyentes disminuirá

El bono demográfico pierde valor desde el 2010 y se agotará en el 2022. Hubo cerca de cuatro décadas para aprovecharlo, pero el país no lo consiguió en grado óptimo. Se trata de los años transcurridos a partir de 1970, en que las tasas de natalidad de décadas anteriores aumentaron la proporción de jóvenes capaces de incorporarse a la población económicamente activa, contribuir al dinamismo económico, al fisco y a los regímenes de pensiones.

Esa población ha envejecido y el descenso de las tasas de natalidad invierte de manera acelerada la proporción de jóvenes y adultos mayores. En 1960, solo el 3% de los costarricenses eran adultos mayores, pero, en el 2060, un 25% de la población estará en ese rango de edad.

La población adulta mayor demandará más servicios de salud y ejercerá presión sobre los regímenes de pensiones, mientras el número de contribuyentes disminuirá de forma paulatina. El equilibrio solo podrá conseguirse con importantes ajustes de las políticas públicas, particularmente en materia de pensiones, y un aumento en la productividad de las personas capaces de trabajar.

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