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Y ahora, ¿quién nos va a defender?

El cambio radical de la Contraloría General de la República con respecto a la ley de empleo público es sorprendente

Luis Mesalles
Luis Mesalles

La aplicación de la ley de empleo público, aprobada por una amplia mayoría de 39 votos en el cuatrienio pasado, ha recorrido un camino tortuoso.

Su objetivo principal es eliminar las grandes disparidades salariales existentes en el sector público, esto es, que dos funcionarios que desempeñan el mismo trabajo devengan salarios muy distintos. Diferencias que provienen de los pluses que recibe cada uno, dependiendo de los años que tengan de laborar en el sector público, el nivel de educación, las capacitaciones que hayan recibido (aunque no mejoren su desempeño) o en qué institución trabajen.

Las diferencias en pluses son tremendamente difíciles de administrar, por lo que se prestan para “errores” en las remuneraciones pagadas. Además, promueven la ineficiencia operativa del aparato estatal. Los empleados jóvenes, con pocos años de experiencia, tienden a recibir un salario más bajo que el que podrían obtener en la empresa privada, mientras que los que acumulan muchos años de labor en instituciones del Estado devengan un salario mucho mayor que el que recibirían si tuvieran que salir a buscar un puesto en el sector privado.

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