Una cosa es anunciar que se eliminará la lista de espera de mamografías en la Caja; otra, lograrlo; otra, todavía más difícil, reformar el sistema para evitar que se acumulen de nuevo. Una cosa es decir que se combatirá el fraude fiscal; otra, fabricar un show para anunciar un “megacaso” que no fue; otra, más compleja, enfrentar la evasión con acciones sistemáticas.
Una cosa es realizar un “operativo” contra la delincuencia en barrios críticos de Puntarenas; otra, diseñar y ejecutar una estrategia sólida y multisectorial de seguridad (la única eficaz a mediano plazo). Una cosa es prometer la lucha contra la corrupción; otra, impulsar los proyectos de ley, la transparencia y las reformas institucionales para contenerla en serio.
En síntesis, una cosa son los anuncios, los golpes de efecto y las acciones puntuales (incluso buenas); otra, el desarrollo de política pública para lograr los fines planteados con sustento y continuidad. Esto último, que también podríamos decir sobre el transporte, la infraestructura, la desigualdad, el empleo o la educación, nos ha faltado en el país. El problema es crónico, pero todo indica que se está agudizando en esta administración.
