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Libros prohibidos, entre estos, ‘Tongolele no sabía bailar’

Mi novela vedada, ‘Tongolele no sabía bailar’, anda de pantalla en pantalla, el equivalente en el siglo XXI a los barriles de vino y de tocino

OP_SERGIORAMIREZ
OP_SERGIORAMIREZ

La historia de las novelas prohibidas en América Latina es muy vieja, y se remonta a los tiempos coloniales, cuando la Inquisición tenía preferencia para anotar en sus listas negras «libros de romance de historias vanas o de profanidad, como son de Amadís y otros de esta calidad, porque este es mal ejercicio para los indios, y cosa es que no es bien que se ocupen ni lean».

La mentira de las vidas fingidas, las exageraciones y los embelecos eran perjudiciales para la fe y la recta conducta de los súbditos del reino. Y la mano de los aduaneros en los puertos estaba presta a detener los libros llenos de embustes, suerte que corrieron tanto el Quijote como El Lazarillo de Tormes.

Sin embargo, prohibir leer ha sido siempre el mejor acicate para la curiosidad, que se convierte en un acto de desafío, y por tanto de libertad. Los libros vedados por los censores burlaban la vigilancia escondidos en barriles de vino y de tocino, o cubiertos bajo falsas portadas, y circulaban también copiados a mano. Y no solo las novelas con sus fantasías perniciosas, sino los libros subversivos escritos por los pensadores de la Ilustración, a medida que se iban enciendo los fuegos de los movimientos libertarios de un a otro confín de América. Ya el Quijote no importaba tanto como La nueva Eloísa de Rousseau.

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