Columnistas

Laura Fernández y una rana a fuego lento

La frase presidencial del 13 de junio no debe desaparecer del escenario público. No podemos acostumbrarnos a escuchar que las víctimas eligieron a sus victimarios, ni aceptar que la estabilidad económica exonera a una dictadura de sus crímenes

Rana a fuego lento. Rana en olla de agua caliente, agua  hirviendo
Rana a fuego lento. Rana en olla de agua caliente, agua hirviendo Generada con IA
Rana a fuego lento. Rana en olla de agua caliente, agua  hirviendo
La conocida metáfora de la rana colocada en agua que se calienta lentamente sirve para entender el peligro político que nos amenaza. (Generada con IA/Ilustración)

Nuestra presidenta hace que uno pierda mucho más que la fe en un buen gobierno: también se pierde la capacidad de asombro. Con ello, se obtiene una horrible sensación: la vergüenza ajena.

Si alguien no conocía esa emoción (sentir pena ajena), seguramente la vivió el pasado 13 de junio. No fue un día cualquiera para los costarricenses que nos preciamos de amar la democracia y respetar a nuestros hermanos nicaragüenses. Ese día pasará a ser uno de los más oscuros en nuestra relación con quienes han sufrido las consecuencias de la tiranía de un gobierno que, a todas luces, no fue el que eligieron los nicaragüenses, como tristemente y de la manera más indolente e inconsciente afirmó nuestra presidenta.

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