Cada año, cuando el Informe estado de la Nación aparece, nos saca de los debates rutinarios y dirige la mirada hacia temas de gran calado. Sin embargo, su visión profunda dura poco en la discusión. ¿Sucederá lo mismo con el que acaba de divulgarse? Quizá sí, pero debemos hacer lo posible para que no: cualquier tiempo que desperdiciemos en lo sustantivo aleja más las posibilidades de abordar en serio problemas crecientes y evitar crisis que los trascienden.
Un buen tema de partida, en el divulgado el miércoles, es el binomio desigualdad-pobreza, que resumió una amplia información de Ángela Ávalos en este periódico. El informe abarca otros, como ordenamiento territorial, ambiente, democracia y política económica. Pero todos ellos, en última instancia, se refieren al desarrollo humano. Y los índices sobre pobreza y desigualdad reflejan cómo andamos al respecto. Por desgracia, la respuesta es que estamos mal. Y recordemos que tras los números hay gente de carne y hueso.
Lo que dice el informe cada año sobre desigualdad “parece una repetidora”, pero “no cala”, declara la investigadora Natalia Morales. Tampoco caló, el año pasado, una robusta publicación del Banco Mundial, descriptiva y prescriptiva, titulada Oportunidades para reducir la pobreza y la desigualdad en Costa Rica.
