Columnistas

El trilema de los bancos centrales

Muchos bancos centrales deben enfrentar más de un problema a la vez

Al dispararse la inflación, hace poco más de un año, la reacción típica de los bancos centrales fue subir sus tasas de interés para con ello contener la demanda, y así estabilizar los precios.

Pero al bajar la demanda, se arriesgan a que la economía caiga en recesión, con consecuencias muy negativas en el empleo y el ingreso de mucha gente. Como resultado, la morosidad tiende a aumentar en los bancos, lo que, sumado a la baja en el valor de los activos bancarios por la subida de las tasas de interés, hace tambalear a más de un banco. De ahí que los bancos centrales se vean obligados a intervenir para evitar el colapso del sistema financiero.

Por otro lado, si los bancos centrales deciden no luchar contra la alta inflación y mantener las tasas de interés bajas, su credibilidad se vería amenazada. Si la gente piensa que el banco central no defenderá el valor de su propia moneda, se corre el riesgo de entrar en una espiral inflacionaria, muy difícil de revertir. En un escenario de elevada (hiper) inflación, la inversión se detiene, la producción cae y el sistema financiero se tambalea.

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