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El novelista trascendente

Un escritor trasciende porque siempre tiene algo nuevo que enseñar, como pensaba Italo Calvino

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Mario Vargas Llosa entrará en la Academia Francesa el próximo 9 de febrero. (RODRIGO NESPOLO/La Nación de Argentina)

Mario Vargas Llosa entrará en la Academia Francesa el próximo 9 de febrero, algo extraordinario para un escritor que no es nativo de esa lengua, y esta es una noticia que se pierde entre la vocinglería chabacana, que busca arrastrarlo de los pies hasta el frívolo barrial de las revistas del corazón; arrastrarlo desde las alturas de la biblioteca La Pléyade, ese olimpo literario donde está Borges, y están también Proust, Joyce y Kafka, y Tolstói, que no cupieron en los parámetros a veces justos, pero también a veces burocráticos, geográficos, o de conveniencia política, del Premio Nobel.

De todas maneras, un autor no es recordado generaciones después por formar parte de la lista de los Nobel, como se recordará a Vargas Llosa, porque el olvido, que todo destruye, ha enterrado los nombres, vamos a ver, de Sully Proudhomme, o de Rudolf Christoph Eucken, Gerhart Hauptmann, Henrik Pontoppidan, que lo ganaron en su día y hoy no nos dicen nada.

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