El 20 de octubre, durante la marcha en defensa de la educación pública, la base de la escultura del expresidente José Figueres Ferrer, ubicada en la Plaza de la Democracia, quedó rayada con pintura negra. Casi dos semanas después, el 2 de noviembre, personas encapuchadas realizaron nuevas pintas sobre la figura de bronce.
Cuatro días después, el viernes 6 de noviembre, el ministro de Cultura y Juventud, Jorge Rodríguez Vives, ordenó retirar la escultura para restaurarla. Ese día, trabajadores de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) utilizaron una grúa y eslingas colocadas alrededor de la cabeza y el cuello del monumento para desmontarlo y trasladarlo al Museo Nacional.
Sin embargo, dos especialistas consultados por La Nación cuestionaron la necesidad del retiro y el procedimiento utilizado.
Lauran Bonilla-Merchav, doctora en Historia del Arte y especialista en preservación del patrimonio, consideró que la decisión no respondió a los criterios de conservación que deberían aplicarse antes de trasladar una escultura.
En su criterió, la pintura utilizada para rayar la escultura era “fácilmente reversible” y que las labores de restauración podían realizarse in situ, es decir, sin trasladar la figura de su ubicación original.
Explicó además, que las esculturas metálicas cuentan con pátinas que protegen sus superficies. En el caso de esta obra, creada por la escultora Marisel Jiménez, señaló que el acabado utilizado ofrece resistencia y permite efectuar intervenciones de limpieza.
Bonilla-Merchav sostuvo que antes de ordenar el traslado correspondía evaluar las condiciones de la pieza, determinar el alcance de los daños y establecer si existía alguna afectación estructural que justificara su remoción.
También cuestionó que no se consultara a la artista responsable de la escultura antes de ejecutar el procedimiento.
Restaurador advierte sobre fragilidad de la escultura
José Segura Garita, ingeniero especializado en fundición y restaurador de patrimonio público metálico con 35 años de experiencia, coincidió en que la escultura podía restaurarse sin retirarla de la Plaza de la Democracia.
“Sí se puede restaurar en sitio y, luego de remover la pintura (cuanto antes), la pieza puede volver a la apariencia original dada por la escultora Marisel Jiménez”, explicó a La Nación.
El restaurador mencionó como antecedente los trabajos efectuados en la Campana de la Independencia, cuya pátina de 200 años había sido cubierta con pintura negra y posteriormente fue restaurada.
Segura también advirtió sobre la fragilidad de la escultura de Figueres Ferrer, que sufrió daños anteriormente y requirió trabajos de soldadura hace aproximadamente diez años. El especialista colaboró en el plan de aquella intervención del Museo Nacional.
Por ese antecedente, cuestionó la maniobra utilizada para retirar el monumento, especialmente las eslingas colocadas alrededor de la cabeza y el cuello de la figura.
“Las fundiciones no son sólidas, están hechas en partes y soldadas efímeramente. Son para estar estáticas y nunca las colgamos de la cabeza. Se sostienen de la base y se elevan con sistemas de seguridad”, explicó.
Bonilla-Merchav inisistió en que levantar la escultura desde esas zonas podía comprometer su integridad estructural. No obstante, se desconoce si el desmontaje ocasionó nuevos daños.
Segura también cuestionó el uso de rotomartillos, perforadoras y esmeriladoras durante los trabajos: “No conozco de una emergencia tal que requirió un desmontaje tan descuidado”, expresó.
¿Era necesario retirar la escultura para restaurarla?
Bonilla-Merchav recalcó que la escultura podía restaurarse en la Plaza de la Democracia, mediante la delimitación temporal del espacio y la aplicación de medidas de protección. Además, consideró que los trabajos podían servir para mostrar a la ciudadanía cómo se conserva el patrimonio.
La especialista señaló que el retiro debió contar con una evaluación técnica y del contexto histórico y social. También cuestionó la falta de consulta a especialistas, pese a que la custodia del monumento corresponde al Museo Nacional.
El valor de la escultura en la Plaza de la Democracia
La experta también señaló que la conservación del patrimonio no debe limitarse al estado físico de las obras, sino que debe considerar su significado histórico y cívico. En el caso de la escultura de José Figueres Ferrer, destacó su relación con la Plaza de la Democracia, el Museo Nacional y la abolición del Ejército.
El monumento fue retirado, además, a menos de un mes del 1.° de diciembre, fecha en que se conmemora la abolición del Ejército.
Esta no es la primera vez que la escultura sale de la plaza. El historiador David Díaz-Arias recordó a La Nación que el 26 de febrero del 2007, durante la administración de Óscar Arias, fue trasladada al Museo Nacional para realizar mejoras que, según indicó, no se efectuaron sino hasta el 2016.
Bonilla-Merchav advirtió que ambos retiros ocurrieron en circunstancias distintas. El actual se produjo después de manifestaciones en defensa de la educación pública y de intervenciones con pintura sobre el monumento. En ese contexto, cuestionó que se decidiera retirar la figura en lugar de restaurarla en la plaza.
Para la especialista, la presencia de la escultura en ese espacio público forma parte de su valor patrimonial. Por ello, sostuvo que las decisiones sobre su conservación también deben considerar las manifestaciones ciudadanas y el significado cívico que adquiere el monumento en el contexto actual.

Cultura justificó retiro por deterioro del bronce
El ministro de Cultura, Jorge Rodríguez, justificó el retiro por el deterioro que, según afirmó, provocaron las sustancias utilizadas para rayar el bronce. Sostuvo que trasladar la escultura era la alternativa más efectiva para restaurarla y evitar nuevos daños.
La restauración estará a cargo del Museo Nacional. El ministro estimó en cerca de ¢1 millón la limpieza inicial, pero el Ministerio confirmó que aún desconoce el costo total de los trabajos y no tiene una fecha prevista para devolver la escultura a la Plaza de la Democracia.