Los asistentes se congregaron frente a la antigua sede diplomática y corearon consignas como “¡Muerte a Estados Unidos!” y “¡Muerte a Israel!”, mientras ondeaban banderas iraníes y exhibían pancartas contra Washington y el Gobierno israelí.
La concentración se produjo un día después del contundente revés electoral de Trump, en unos comicios considerados un referéndum sobre su segundo mandato.
El costo de vida, los aranceles y la guerra con Irán figuraron entre los factores que incidieron en el voto estadounidense.
Una de las pancartas representaba a Trump como un bulldog cubierto de sangre, sujeto por una correa que sostenía una figura diabólica semejante al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
Otras exigían venganza por el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, quien murió en los ataques estadounidenses e israelíes que desencadenaron la guerra regional a finales de febrero.
Una enorme pantalla instalada sobre la multitud mostraba el mensaje “El pueblo de Irán fija el precio”, acompañado de barriles de petróleo sobre un mapa mundial.
La imagen aludía al incremento de los precios de la energía desde el inicio del conflicto y al control que Irán afirmó ejercer sobre el estrecho de Ormuz, una ruta marítima estratégica para el transporte mundial de petróleo.
La manifestación de este 4 de noviembre conmemora el asalto a la embajada estadounidense en Teherán, ocurrido en 1979, meses después de la Revolución Islámica que derrocó al sah Mohammad Reza Pahlavi, aliado de Washington.
La toma de la sede diplomática dio paso a una crisis de rehenes que profundizó la ruptura entre ambos países.
Ormuz como instrumento de presión
Majid Heidari, productor textil de 62 años, consideró que el encarecimiento del petróleo provocado por la guerra contra Irán influyó en los resultados electorales estadounidenses.
“Cuando Europa y Estados Unidos se unen contra nosotros, debemos usar nuestra herramienta”, afirmó en referencia al estrecho de Ormuz.
Según Heidari, Teherán no tiene otra alternativa que ejercer presión sobre los gobiernos mediante las consecuencias económicas que experimentan sus propias poblaciones. No obstante, dudó de que la derrota republicana produzca cambios en la vida cotidiana de los iraníes.
Esa desconfianza también fue expresada por Mohamad, un funcionario de 42 años.
“Creo que, sean los demócratas o los republicanos, para nosotros no hay diferencia”, declaró. A su juicio, la actitud de Washington hacia la población iraní se ha mantenido prácticamente igual durante los últimos 50 años.
Por su parte, el principal negociador iraní en los diálogos con Washington, Mohamad Baqer Qalibaf, interpretó el resultado electoral como un rechazo a la confrontación militar. Según afirmó, los estadounidenses votaron “No a la guerra”.
Mientras tanto, los esfuerzos diplomáticos impulsados por Catar y Pakistán para alcanzar un acuerdo entre Teherán y Washington permanecen estancados. El escenario incluye ataques ocasionales y temor a que se reanude un conflicto de mayor escala.