Coronavirus: entierros ‘uno atrás de otro’ en el mayor cementerio de Brasil
Inhuman 60 cuerpos diarios, en promedio, una cifra anunca antes registrada
TOPSHOT - Employees bury the coffin of a person who died from COVID-19 at the Vila Formosa cemetery, in the outskirts of Sao Paulo, Brazil on May 20, 2020. - Brazil has emerged as the latest flashpoint in the coronavirus pandemic. The country has registered more than 270,000 cases and nearly 18,000 deaths so far, and the increase in infections is not expected to peak until June. (Photo by NELSON ALMEIDA / AFP) NELSON ALMEIDA
Paula Ramón/AFP
Sepultureros enterraron a una víctima de la covid-19, el martes 20 de mayo del 2020, en el cementerio de Vila Formosa, en Sao Paulo, Brasil. AFP Sepultureros enterraron a una víctima de la covid-19, el martes 20 de mayo del 2020, en el cementerio de Vila Formosa, en Sao Paulo, Brasil. (NELSON ALMEIDA/AFP)
São Paulo, Brasil. “Es uno atrás de otro. Esto no para”, afirma uno de los sepultureros de Vila Formosa, el mayor cementerio de São Paulo y América Latina, vestido con un mono blanco y una máscara de tela cubierta con otra de acetato transparente para protegerse de la covid-19.
El ruido de palas se mezcla con el de las excavadoras que desde hace semanas remueven tierra frenéticamente para abrir miles de nuevas fosas en este cementerio popular en el estado brasileño con mayor número de víctimas de la pandemia del nuevo coronavirus.
“Nuestro promedio era de 30-35 (entierro) diarios; un día fuerte, 45. Actualmente estamos enterrando a 60”, dice James Alan, supervisor de uno de los equipos de sepultureros de este camposanto de 750.000 m², que alberga los restos de 1,5 millones de personas.
Una pared extensa que lo recorre de punta a punta colecciona nombres, fotos, fechas y recuerdos. Pero los sepultureros nunca vieron tanta mortandad, de un tipo además que los implica física y emocionalmente.
"Todo cuidado es poco, no podemos llevar la vida como si fuese normal", dice Carlos Gomes, encargado del transporte de los cuerpos cuya acta de defunción fue sellada con "D3", código usado para identificar a los sospechosos o confirmados con covid-19.
Gomes tiene 22 años y, aunque dice estar sano, se siente preocupado: "Este virus no tiene edad, aquí lo vemos, agarra y se lleva a cualquiera", afirma mientras se coloca un segundo par de guantes.
Video: El coronavirus en Brasil hace que los panteoneros entierren muertos por covid-19 sin parar
Para atender la demanda, el cementerio recibió un refuerzo de empleados. Todos los que tienen contacto directo con los ataúdes deben llevar los monos blancos que contrastan con la tierra rojiza.
Lágrimas, gritos, cantos, oraciones y silencio. Los que fueron etiquetados como D3 no serán velados por sus familiares, que solo pueden asistir rápidamente al entierro, de menos de cinco minutos de duración.
“No tienen derecho ni a ropa. Los envuelven en tres sacos en el hospital, la Alcaldía trae el cuerpo, nos dan un horario y nos llaman, (trasladan a los difuntos) de cinco en cinco, no tienen derecho a nada”, expresa Flavia Dias, quienacompañó a una amiga cuyo padre falleció por covid-19.
Esto pasa cuando los gobiernos NO saben adoptar medidas a tiempo o adecuadas contra el #Covid_19 y dan además mal ejemplo, siguen de gira y andan como si nada. En Brasil aumentan más de mil muertes al balance diario; hay 17,971 víctimas. Vista del Cementerio de Vila Formosa. pic.twitter.com/AD5eYqsN9J
— Dr Raúl Tortolero (@raultortolero1) May 20, 2020
Pero algunos, ni compañía tienen. El señor Anízio fue enterrado en menos de dos minutos, sin que nadie apareciera para despedirse. “No ocurre con frecuencia, pero lo estamos empezando a ver”, afirma uno de los sepultureros quien, máscara al cuello, hace una pausa para fumar un cigarro.
Las autoridades regionales y municipales anticiparon un feriado para este miércoles, buscando limitar la circulación de personas, que a pesar de la cuarentena parcial, aún ronda el 50%.
Trabajadores se alistan para llevar un féretro de una víctima de covid-19 al cementerio de Vila Formosa, Sao Paulo, Brasil. AFP Trabajadores se alistan para llevar un féretro de una víctima de covid-19 al cementerio de Vila Formosa, Sao Paulo, Brasil. (NELSON ALMEIDA/AFP)
"Esto es real, es un virus, se propaga mientras las personas no tomen conciencia de esto, de la importancia de la cuarentena", se desahoga Alina Da Silva, de 37 años, trabajadora en un laboratorio.
Su padre, de 69 años, con quien convivía, falleció luego de tres semanas internado y de ser sometido a varios tratamientos, incluyendo la cloroquina, cuyo uso en fases iniciales de la enfermedad fue autorizada por el gobierno el miércoles, pese a que sus virtudes no se han demostrado aún clínicamente.
“Lo más difícil es no haber podido abrazarlo (...) En mi cumpleaños, el 21 de abril, él haló mi oreja, fue el último contacto (físico) de mi padre”, rompe en sollozos.
Tras enterrar a su cuñado Fuad Said, fallecido a los 61 años, Adriana Dos Santos lamenta: “Creía que era exageración de los periodistas, que era una pelea política, decía ‘eso no existe’, es contra Bolsonaro, pero lamentablemente uno solo se da cuenta cuando (el virus) llega a casa”.
Decenas de tumbas excavadas en el cementerio de Vila Formosa en Sao Paulo, Brasil. AP Decenas de tumbas excavadas en el cementerio de Vila Formosa en Sao Paulo, Brasil. (Andre Penner/AP)