El Partido Demócrata protagonizó un tsunami político en las elecciones de medio periodo de Estados Unidos, celebradas este martes 3 de noviembre, en las que se definieron el rumbo del Senado y la Cámara de Representantes por los próximos dos años y que compromete el final de la presidencia de Donald Trump.
Faltan todavía resultados de la cámara baja; no obstante, todas las señales apuntan a un triunfo.
La oposición ganó el control del Congreso con triunfos en Carolina del Norte, Carolina del Sur, Ohio, y bastiones republicanos como Texas, Iowa y Kansas, donde ningún demócrata había ganado el escaño desde 1932.
Según CNN y NBC, los demócratas ganarían al menos 244 escaños en la Cámara, de un total de 435 curules, al ser las 11:15 p. m. hora de Costa Rica.
De los 100 escaños que se disputaban en el Senado, los demócratas ya obtuvieron la mayoría con 52 bancas y voltearon seis.
En el Senado, que renovaba un tercio de su hemiciclo (100 escaños), la oposición solo necesitaba voltear cuatro curules.
“Con victorias arrolladoras y contundentes, el pueblo estadounidense ha repudiado la depravación, la corrupción y la incompetencia del fracasado presidente saliente Donald Trump”, declaró una de las esperanzas demócratas, el senador Jon Ossoff, reelecto senador por Georgia.
Ossoff es una de las caras nuevas que los demócratas aportan al Congreso, al igual que James Talarico, un pastor presbiteriano que se alzó con una victoria arrolladora y será el nuevo senador por Texas.
Otra demócrata hispana, Gina Hinojosa, será la nueva gobernadora del mayor estado del país, gracias al voto latino.
Signo de un cambio decisivo del horizonte político, los republicanos que ganaron lo hicieron con márgenes mucho más pequeños que anteriores contiendas.
El nuevo gobernador de Florida, Byron Donalds, el primer jefe de gobierno negro en la historia de ese estado sureño y sólidamente republicano, ganó con una ventaja de 1,5 puntos.
Hace cuatro años, su predecesor Ron DeSantis lo hizo con 20 puntos porcentuales frente a su rival demócrata.
Amenaza de la destitución
Los demócratas prometen abrir investigaciones sobre el presidente, su familia y su gobierno, y sobre la conveniencia de seguir pagando por la guerra en Irán.
La oposición intentó en dos ocasiones destituir a Trump en su primer mandato (2017-2021).
El republicano, de 80 años, ya no se puede presentar a un tercer mandato y ya ha demostrado en sus dos primeros dos años -y al menos dos intentos de asesinato- que no tiene nada que perder.
Trump aceptó la derrota, según periodistas del New York Times que hablaron con él durante la aciaga velada electoral.
“Estoy absolutamente dispuesto a aceptar esos resultados”, dijo el mandatario al periódico de izquierdas.
“Trabajaremos con los demócratas. Probablemente llegaremos a un acuerdo”, explicó.
Al mismo tiempo, el republicano lanzó: “Yo no estaba en la papeleta y, si lo hubiera estado, ¡habríamos ganado POR UNA VICTORIA APLASTANTE!”.
“El ambiente en la Casa Blanca es de desafío”, declaró un funcionario bajo condición de anonimato. “Abróchense los cinturones”, advirtió.
“Los extremistas del MAGA están en desbandada de costa a costa. Donald Trump está en conmoción en este momento”, dijo en un video Hakeem Jeffries, que será el próximo líder de la bancada demócrata en la Cámara de Representantes.
Si los demócratas intentan aprobar reformas en el campo de la salud, o volver a su agenda ambientalista, o subir impuestos, Trump vetará muy probablemente sus intentos.
Eso promete un fin de mandato presidencial lleno de curvas, y con una guerra en Irán que no tiene visos de acabarse pronto.
Una enfermera, Gracie Surface, votó sin dudarlo por Ossoff en Atlanta, explicó a la AFP. “Necesitamos sangre nueva” en la política, declaró.
Sin descanso
En sus dos primeros años, Trump jugó fuerte, con campañas militares de éxito desigual, en Venezuela e Irán, recortes de impuestos y decenas de decretos presidenciales.
Pero las principales preocupaciones de los votantes, la economía y el costo de la vida, no desaparecieron, sino todo lo contrario.
Los demócratas retoman aire tras dos años de apretar los dientes, pero ante ellos subsisten interrogantes.
El ala socialista de la oposición logró colocar a varios candidatos, aumentando su influencia en el Congreso.
Esa movilización tiene sus riesgos, puesto que ese sector del partido tiene puntos de vista sobre la policía migratoria, la relación con Israel o los impuestos que se desmarcan abiertamente del electorado promedio demócrata.
Estados “rojos” volcados
El estado de Kansas, típicamente republicano, eligió a un demócrata como senador por primera vez desde 1932, es decir, en 94 años. Este hecho histórico se concreta luego de que Adam Hamilton obtuviera el 52% de los votos, superando al republicano Roger Marshall, que obtuvo 45%.
En Texas, el demócrata James Talarico ganó el escaño tras derrotar al republicano Ken Paxton. Allí también fue electa como gobernadora la demócrata Gina Hinojosa, superando con holgura al actual líder texano, Greg Abbott.
En Carolina del Norte, estado típicamente republicano, la demócrata Roy Cooper logró arrebatarle el puesto en el Senado a Michael Whatley con el 58% de los votos, al ser las 9:30 p. m. de Costa Rica.
En cuanto a Carolina del Sur, la contienda la ganó Annie Andrews, quien se enfrentaba ante la republicana Darline Graham.
Darline había asumido el puesto en el Senado luego de que su hermano, Lindsey Graham, falleciera el 12 de julio de este año. El republicano había estado 23 años en el cargo.
Ohio y Iowa fueron los dos últimos estados que concretaron el vuelco de seis asientos en favor del Partido Demócrata en el Senado, lo que les dio el control total de la cámara alta.
Ohio es el estado casa del vicepresidente J. D. Vance, quien fungía como senador hasta 2024, hasta que su banca tuvo que someterse a votación luego de que él renunciara para asumir como segundo al mando en la Casa Blanca.


