La extensión regirá a partir del 7 de diciembre y “permitirá continuar con las acciones de prevención, control y atención de salud para la protección de la población frente a la pandemia de la covid-19″, implementadas desde el 6 de marzo cuando se inició el estado de emergencia.
Con 33 millones de habitantes, Perú registra más de 956.000 casos del virus, la quinta cifra más alta de América Latina y el Caribe. Los 35.780 de decesos por covid-19 representan la segunda mayor tasa de mortalidad del mundo en proporción a su población.
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Las autoridades incrementaron los aforos en comercios, restaurantes, museos y monumentos arqueológicos hasta un máximo del 60% de su capacidad, en un esfuerzo por reactivar la economía que entró en recesión.
Las tiendas están autorizadas a recibir hasta un 60% de clientes en lugar del 50%, en tanto los restaurantes pasarán de un aforo de 40% a 50%.
Los bares están excluidos de la nuevas medidas de flexibilización, mientras que las salas de cine, teatros y conciertos al aire libre permanecerán prohibidos para evitar la propagación de nuevos contagios.
El turismo, una de las vetas de la economía peruana, se benefició con el permiso otorgado a operar al 100% al transporte aéreo, terrestre y marítimo en lugar del vigente 50%. No obstante, la falta de viajeros por temor a contagios es su mayor enemigo.
Estas medidas sanitarias son las primeras del nuevo gobierno que preside Francisco Sagasti, tras la grave crisis política que causó el 9 de noviembre la destitución por el Congreso del popular Martín Vizcarra.
El jefe del Congreso Manuel Merino reemplazó a Vizcarra pero una multitudinaria protesta popular forzó su renuncia y sustitución por Sagasti el 17 de noviembre. Las protestas dejaron dos muertos y más de un centenar de heridos por la represión policial, según las autoridades.
El gobierno ratificó el uso obligatorio de mascarillas y mantiene un toque de queda nocturno todos los días.
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Las reuniones sociales y las fiestas tampoco han sido autorizadas, a pesar de la cercanía de las festividades de Navidad y Año Nuevo.
Las actividades se fueron reanudando paulatinamente en Perú tras un confinamiento nacional obligatorio de más de 100 días -levantado el 1.° de julio-, que derivó en una recesión económica.
La recesión se generó por la semiparálisis que hubo entre mediados de marzo y junio, cuando la economía operó solo al 44% de su capacidad por un confinamiento obligatorio.
El producto interno bruto (PIB) de Perú se hundió 30,2% en el segundo trimestre y 17,37% en el primer semestre del año, y el Banco Central pronostica una caída de 12,5% en el 2020.