El Nobel de Guatemala vuelve a casa: Francia entrega las cenizas del escritor Miguel Ángel Asturias para su repatriación
Francia entregó las cenizas de Miguel Ángel Asturias tras 52 años en París; el autor de ‘Hombres de maíz’ y ‘El Señor Presidente’ descansaba en el Père-Lachaise
Miguel Ángel Asturias ganó el Nobel de Literatura en 1967. AFP / Getty Images
París, Francia. Las autoridades francesas entregaron este martes en París las cenizas del escritor Miguel Ángel Asturias, premio Nobel de Literatura, a su familia para su retorno a Guatemala, tras más de medio siglo inhumadas en un cementerio parisino.
Asturias, abogado, escritor y diplomático, falleció a los 74 años en España en 1974 y fue enterrado en la capital francesa, donde había residido durante largos periodos. Su tumba, en forma de estilizada estela maya, destaca en el camposanto de Père-Lachaise, donde están enterradas numerosas personalidades, como Honoré de Balzac, Édith Piaf o Jim Morrison.
Este martes, en una emotiva ceremonia en el Ayuntamiento de París, responsables municipales entregaron al hijo del escritor la urna con los restos de su progenitor, constató una periodista de AFP.
Con lágrimas en los ojos, Miguel Ángel Asturias Amado abrazó el pequeño recipiente, recubierto de un tejido artesanal.
“Es muy difícil, como hijo, haber tomado la decisión de que mi padre volviese a su patria [...] dejando este país que él amó y quiso tanto”, declaró a AFP este hombre de 85 años, tras el acto.
“Es un momento de tristeza, pero a la vez de alegría, de dos países que han comprendido a Miguel Ángel Asturias y que hoy me lo entregan con todo el amor”, añadió.
La familia del premio Nobel decidió repatriar ahora los restos motivada por la llegada al poder del presidente socialdemócrata Bernardo Arévalo en 2024, según había explicado el hijo del escritor, después de negarse a hacerlo ante la petición que le formularon los dos gobiernos precedentes.
“Las circunstancias históricas y políticas no lo habían permitido y ciertamente esas circunstancias han cambiado mucho y afortunadamente ahora estamos en ese proceso de poderlo recibir de vuelta en casa”, dijo por su parte el ministro guatemalteco de Cultura, Luis Méndez.
Según precisó Méndez hace unos días, “el procedimiento de exhumación y cremación se completó” el 20 de octubre.
Diploma del Premio Nobel entregado a Miguel Ángel Asturias en 1967, con diseño de Gunnar Brusewitz y caligrafía de Kerstin Anckers. (The Nobel Foundation/The Nobel Foundation)
“Parisino de adopción”
Está previsto que las cenizas del autor guatemalteco lleguen a su país el 12 de noviembre, donde dos días después se realizarán las honras fúnebres en el Palacio Nacional. Al día siguiente, los restos del “Gran Lengua”, como se conoce al escritor, serán depositados en un monumento en el principal centro cultural del país que lleva su nombre.
En París, una placa recordará en su tumba que sus restos descansaron 52 años en este famoso cementerio, tan visitado por los turistas.
“Guatemalteco de nacimiento, de sangre y de corazón, Asturias fue también parisino de adopción”, dijo Audrey Pulvar, edil parisina encargada de las Relaciones Internacionales, durante la ceremonia, ante los familiares del escritor. “Consideraba Francia como su segunda tierra natal”.
Miguel Ángel Asturias en el estudio de la Unesco en 1968. ( Dominique Roger/Unesco)
Coronado con el Nobel de Literatura en 1967, Asturias es uno de los seis escritores latinoamericanos que cuentan con el prestigioso premio, pero es mucho menos conocido que el mexicano Octavio Paz, el peruano Mario Vargas Llosa, el colombiano Gabriel García Márquez o los chilenos Gabriela Mistral y Pablo Neruda.
Su obra más famosa es El señor presidente (1946), inspirada en la dictadura de Manuel Estrada Cabrera (1898-1920), y es considerada una de las primeras novelas sobre autócratas que luego tanto se multiplicaron en la literatura latinoamericana.
Asturias fue también un gran defensor del mundo indígena. Su primer libro publicado, Leyendas de Guatemala (1930), recopila cuentos de origen maya, y en Hombres de maíz (1949), precursor del realismo mágico, narra el conflicto entre las comunidades autóctonas y la explotación capitalista de la tierra.