Hay personajes que parecen esperarnos donde los dejamos cuando éramos niños: Winnie Pooh es uno de ellos. Basta recordar su debilidad por la miel y las aventuras con sus amigos para regresar, por un momento, a la infancia.
A 100 años de la publicación de su primer libro, recorrer su historia es abrir una caja de recuerdos y descubrir qué inspiró aquel mundo.
El viaje comienza lejos del Bosque de los Cien Acres, en Canadá, durante los primeros meses de la Primera Guerra Mundial. Según el Zoológico de Londres, el veterinario Harry Colebourn compró una osezna negra en White River, Ontario, mientras se dirigía a incorporarse a su regimiento.
La llamó Winnie por Winnipeg, la ciudad donde vivía.
Tiempo después, la osa llegó al zoológico londinense, donde tuvo entre sus visitantes a Christopher Robin. El pequeño quedó tan encariñado con ella que le dio su nombre a su oso de peluche, relata la institución.
Su padre, el escritor A. A. Milne, transformaría los juguetes de su hijo en protagonistas de cuentos. Aquellos compañeros de juegos encontraron un hogar literario en Winnie the Pooh, ilustrado por E. H. Shepard y publicado el 14 de octubre de 1926, según los créditos editoriales de la reedición de Egmont, disponible en Internet Archive.
Así, lo que comenzó en el universo cotidiano de un niño de carne y hueso terminó por acompañar a varias generaciones de lectores. Un siglo después, la puerta de ese bosque sigue abierta.

Una osa real detrás de un recuerdo de infancia
La vida de Winnie estuvo atravesada por la guerra, aunque su destino quedó lejos del frente. De acuerdo con el Zoológico de Londres, la osita acompañó a Colebourn a Inglaterra en 1914 y se convirtió en mascota no oficial de la Segunda Brigada de Infantería Canadiense, específicamente durante su estancia en Salisbury Plain.
Cuando llegó el momento de partir hacia Francia, el veterinario no pudo llevarla consigo: el 9 de diciembre de aquel año la dejó al cuidado del zoológico, con la intención de recuperarla después del conflicto. Pero no ocurrió así.
La institución explica que Colebourn la visitaba cuando tenía permiso y que, en 1919, decidió donarla de manera permanente. Winnie se convirtió en una favorita de los visitantes, especialmente de los niños. Entre quienes acudían a verla estaban Milne y su hijo.
El nombre del personaje guarda, además, otro recuerdo. En la introducción de Winnie the Pooh, el propio Milne cuenta que Christopher Robin había llamado Pooh a un cisne y que conservaron aquel nombre después de despedirse del ave.
La Biblioteca Pública de Nueva York también recoge ese doble origen: Winnie proviene de la osa del zoológico; Pooh, del cisne.

Cuando los juguetes encontraron un bosque
Antes de llamarse Winnie the Pooh, el peluche fue Edward Bear. Según la Biblioteca Pública de Nueva York, Christopher Robin lo recibió el 21 de agosto de 1921, cuando cumplió un año. Había sido comprado en los almacenes Harrods, en Londres.
Después llegaron otros animales de juguete que acompañaron sus juegos y terminaron vinculados con los personajes de los relatos.
La biblioteca identifica entre ellos a Piglet, Ígor, Cangu, Rito y Tigger. También aclara que Búho y Conejo fueron incorporaciones imaginarias, no integrantes de aquella colección de peluches. El universo de Pooh nació de una mezcla de objetos que podían abrazarse y criaturas que solo necesitaban ser imaginadas.
Hasta el paisaje tenía raíces fuera del papel. De acuerdo con el Victoria and Albert Museum, el Bosque de los Cien Acres se inspiró en Ashdown Forest, en East Sussex, donde los Milne tenían una casa de fin de semana. Los escenarios de los cuentos conservaban así algo de los lugares que la familia conocía.
Ese universo tomó forma en Winnie-the-Pooh, publicado en 1926, cuyo centenario se celebra este año. Sin embargo, el personaje ya había comenzado su recorrido literario: según la cronología de la Biblioteca Pública de Nueva York, protagonizó un relato publicado en el periódico London Evening News, el 24 de diciembre de 1925.
Después del primer libro, sus aventuras continuaron en un segundo volumen, The House at Pooh Corner, de 1928.

Los trazos que le dieron rostro a la ternura
Milne puso las palabras; Shepard les dio una forma que pudiera quedarse en la memoria. El Victoria and Albert Museum documenta que el ilustrador visitó Ashdown Forest con el escritor y que sus dibujos incorporaron vistas y árboles reales.
El bosque no era únicamente un fondo: sus senderos y rincones daban un lugar concreto a las aventuras.
Existe, además, una curiosidad que suma otro oso a esta historia. Según el museo, aunque las ilustraciones de Ígor, Piglet, Cangu y Rito se parecían mucho a los juguetes originales, Shepard tomó como modelo definitivo para Pooh a Growler, el oso de su propio hijo, Graham.
El peluche de Christopher Robin inspiró al personaje, pero otro juguete contribuyó a definir su apariencia en los libros. La imagen de Pooh también nació, entonces, de una infancia compartida: la que Milne observaba en su casa y la que Shepard encontraba en la suya.

Miel y alguien con quien compartir el camino
Para regresar a Pooh no hace falta buscar una gran hazaña; basta con recordar su apetito. En el primer capítulo de Winnie the Pooh, Milne cuenta cómo el oso escucha el zumbido de unas abejas y llega a una conclusión muy conveniente: donde hay abejas debe haber miel.
Después de intentar trepar al árbol y caer entre las ramas, busca a Christopher Robin para pedirle un globo. Su plan consiste en alcanzar con él aquello que no pudo conseguir trepando.
La escena contiene buena parte del encanto de estos cuentos: un deseo sencillo crece hasta convertirse en una aventura, los tropiezos forman parte del camino y la ayuda se busca en alguien cercano.
No hace falta salir tras un tesoro remoto cuando la imaginación puede empezar con un zumbido.
Los personajes que acompañan a Pooh en sus andanzas comienzan a aparecer en episodios posteriores. La Biblioteca Pública de Nueva York recuerda, entre las aventuras del libro, el cumpleaños de Ígor y la pérdida de su cola. De hecho, el índice de la obra anuncia que es Pooh quien la encuentra.
Las preocupaciones de sus habitantes pueden parecer pequeñas desde fuera, pero dentro del bosque merecen una historia.
Leídos desde la adultez, estos relatos permiten reconocer algo más que las ocurrencias de un oso aficionado a la miel. Buscar la cola de un amigo y repararla en su cumpleaños, o intentar otra cosa cuando un plan falla, puede leerse como una forma de atención: la amistad no siempre necesita discursos, a veces consiste en tomarse en serio lo que le ocurre al otro.
En la introducción del libro, Milne ofrece otra imagen de esa cercanía. Describe a Piglet como un compañero tan pequeño que puede llevarse en el bolsillo y cuya presencia resulta reconfortante cuando hay tropiezos.

El día que el bosque entró en nuestras casas
Para muchos, el camino hacia Pooh no comenzó al abrir un libro, sino al encender el televisor. Sus aventuras encontraron otra vida en la animación, las canciones y esas historias que podían repetirse sin perder el encanto.
Según la filmografía de la franquicia, Disney inició su recorrido cinematográfico con Winnie the Pooh and the Honey Tree, corto estrenado en 1966. Después llegaron Winnie the Pooh and the Blustery Day, en 1968, y Winnie the Pooh and Tigger Too, en 1974.
Los tres cortos se reunieron, con material adicional, en el largometraje The Many Adventures of Winnie the Pooh, de 1977. A ese recorrido de historias breves se sumaron Winnie the Pooh Discovers the Seasons, de 1981, y Winnie the Pooh and a Day for Eeyore, de 1983.
La televisión abrió otra puerta en 1983 con Welcome to Pooh Corner, una producción con trajes de personajes y títeres, cuyas fichas registran 120 episodios.
Más tarde, The New Adventures of Winnie the Pooh, emitida entre 1988 y 1991, llevó al grupo a la animación tradicional durante cuatro temporadas y 50 episodios; algunos incluían más de una historia.
El bosque volvió a cambiar de textura con The Book of Pooh, una serie de títeres estrenada en 2001 que reunió dos temporadas y 51 episodios.
En 2007 llegó la serie My Friends Tigger & Pooh, realizada con animación por computadora, que sumó tres temporadas y 63 episodios. Ambas conservaron a los personajes, pero buscaron nuevas maneras de acercarlos al público infantil.
Los formatos breves también les dieron espacio. La filmografía del personaje registra Mini Adventures of Winnie the Pooh, mientras que la guía oficial de Disney+ incluye Playdate with Winnie the Pooh y Me & Winnie the Pooh, estrenadas en 2023.
En el catálogo consultado para este centenario, la primera cuenta con tres temporadas y la segunda con dos. Son otras formas de presentar sus juegos y pequeñas dificultades cotidianas a quienes apenas comienzan a descubrirlos.
En los cines, después del largometraje de 1977, aparecieron The Tigger Movie en 2000, Piglet’s Big Movie en 2003, Pooh’s Heffalump Movie en 2005 y Winnie the Pooh en 2011.
La guía oficial de Disney+ reúne estas películas y también Christopher Robin, de 2018, que combina actores con personajes animados. En esta última, el niño de los cuentos es un adulto absorbido por sus responsabilidades, hasta que Pooh reaparece y lo conduce de vuelta a sus viejos compañeros.
El mercado de video permitió otros regresos. La filmografía de la franquicia registra Pooh’s Grand Adventure: The Search for Christopher Robin (1997), Seasons of Giving (1999), The Book of Pooh: Stories from the Heart (2001), A Very Merry Pooh Year (2002), Winnie the Pooh: Springtime with Roo (2004) y Pooh’s Heffalump Halloween Movie (2005). Más adelante llegaron Super Sleuth Christmas Movie (2007), Tigger & Pooh and a Musical Too (2009) y Super Duper Super Sleuths (2010).
Algunas de estas producciones incorporaron historias o especiales anteriores, por lo que no todo su contenido era inédito.
Las celebraciones del calendario también tuvieron su lugar. Entre los especiales animados figuran Winnie the Pooh and Christmas Too (1991), Boo to You Too! Winnie the Pooh (1996), A Winnie the Pooh Thanksgiving (1998) y A Valentine for You (1999). A ellos se añaden las producciones educativas vinculadas con Welcome to Pooh Corner: Too Smart for Strangers, Responsible Persons y One and Only You, recogidas en la filmografía del personaje.
Este recorrido corresponde a las producciones centrales de Disney, no a todas las adaptaciones del personaje. Fuera del estudio, por ejemplo, el director Fiódor Jitruk realizó para Soyuzmultfilm una trilogía animada soviética estrenada en 1969, 1971 y 1972, por lño que Pooh también encontró otras voces y apariencias lejos de Hollywood.

Un boleto de regreso al Bosque de los Cien Acres
Las páginas y las pantallas no son las únicas puertas de entrada al mundo de Pooh. En distintos parques de Disney, la visita a su universo comienza al subir a una colmena o a un tarro de miel.
Según una guía publicada por Disney Parks Blog, Winnie the Pooh tiene espacios en Magic Kingdom, en Walt Disney World, Florida; Disneyland Park, en California; Hong Kong Disneyland y Shanghai Disneyland. Los recorridos recrean escenas y personajes de sus historias. En California, los visitantes viajan dentro de una colmena; y en Florida dentro de un tarro de miel.
En Tokyo Disneyland, la atracción se llama Pooh’s Hunny Hunt y sigue la búsqueda de miel del personaje. Shanghai Disneyland suma otra experiencia, Hunny Pot Spin, en la que los visitantes giran dentro de tarros, con una dinámica semejante a la de las tazas giratorias.
Disneyland Paris ofrece una presencia distinta: la guía oficial destaca una representación en miniatura del Bosque de los Cien Acres dentro de Le Pays des Contes de Fées. No se trata de una atracción exclusiva de Pooh equivalente a los recorridos de los otros parques, sino de un homenaje integrado en un paseo por escenarios de cuentos.
También hay oportunidades para encontrarse con los personajes. Disney anuncia apariciones de Pooh y sus amigos en distintos destinos y comidas con personajes de este universo en The Crystal Palace, en Magic Kingdom.
Antes de ser un tesoro, fueron un abrazo
Después de tantas pantallas y recorridos, el viaje puede terminar frente a algo mucho más sencillo: los peluches que acompañaron a un niño.
Según la Biblioteca Pública de Nueva York, los juguetes originales de Pooh, Piglet, Ígor, Cangu y Tigger se conservan en su edificio Stephen A. Schwarzman y forman parte de la exposición permanente de sus tesoros. Llegaron a Estados Unidos en 1947 y permanecieron con la editorial estadounidense de Milne, E. P. Dutton, hasta su donación a la biblioteca en 1987.
Falta uno de los compañeros de aquella infancia. La institución cuenta que el Rito original se perdió en un huerto de manzanos durante la década de 1930. Su ausencia deja en la historia una marca familiar para cualquiera que haya crecido: no todos los juguetes consiguen llegar con nosotros hasta el final del camino.
Los demás permanecen ahí, convertidos en piezas de una colección, aunque antes solo fueron los juguetes de un niño. Esa es, quizá, la imagen más entrañable para celebrar los cien años del libro; pues antes de ocupar un puesto en una biblioteca, ocuparon un lugar entre unos brazos.
Volver a Pooh es acercarse otra vez a ese mundo en el que un globo podía sostener un plan imposible y un amigo cabía en el bolsillo. Un lugar al que ya no regresamos con la misma edad, pero al que todavía podemos entrar.

