¡Rock del bueno! Def Leppard trajo a Costa Rica clásicos que no se agotan
Los rockeros británicos complacieron con una selección de su amplia discografía. Extreme hizo lo mismo en una noche para agradecer
El concierto de Def Leppard en Costa Rica se caracterizó por su solidez musical. Repasaron temas icónicos de su extensa discografía, siempre con un excelente desenlace. David Chacón/Parque Viva
Arturo Pardo V.
Hubo una época en que el rock encabezaba la agenda de los conciertos masivos. De aquellos tiempos vienen Def Leppard y Extreme, dos bandas cuya primera visita a Costa Rica era una excelente excusa para viajar al pasado y celebrar las guitarras estremecedoras, los solos vertiginosos y repertorios que varias generaciones conocen de memoria.
AunqueDef Leppard era el plato fuerte de la noche, reducir a Extreme a la categoría de simple invitado sería menospreciar lo que tiene para ofrecer. El concierto fue un digno 2x1 y eso quedó claro desde los primeros minutos. A las bandas las une su legado y una calidad musical que sigue intacta.
Hablar de Extreme es hablar, inevitablemente, de la guitarra de Nuno Bettencourt, un genio de los seis cuerdas, veloz, atrevido y dueño de una técnica deslumbrante. Su destreza marcó el rumbo de una hora de canciones, en la que la suavidad de More Than Words apenas fue una de las muchas caras de la banda. Hubo riffs pesados, una batería arrolladora y la voz aguda de Gary Cherone, pero también espacio para los contrastes y las armonías de piezas como Hole Hearted y Am I Ever Gonna Change.
Ver a Extreme fue disfrutar del superdotado guitarrista Nuno Bettencourt, quien además fue el interlocutor de la banda con el público. (Randall Vásquez)
Nuno fue el centro de atención con momentos para lucirse a sus anchas. Primero, con un solo de guitarra acústica en Midnight Express y luego, ya con la eléctrica en Flight of the Wounded Bumblebee. En ambos casos, dejó claro su virtuosismo.
Extreme cerró su participación con un popurrí de canciones de Ozzy Osbourne, un oportuno homenaje al fallecido príncipe de las tinieblas.
En cuanto a Def Leppard, salió a servir sus clásicos con elegancia, contundencia y una demostración de que los años no han conseguido apagar su voracidad. La banda inglesa ofreció un espectáculo de enorme solidez musical, respaldado por una alineación que lleva más de tres décadas tocando junta.
En Def Leppard, cada integrante aporta una parte esencial al sonido. Joe Elliott conserva su prestancia como vocalista y la personalidad necesaria para conducir el espectáculo. Ver a Rick Allen tocar la batería con una fuerza arrolladora, pese a tocar con un solo brazo, sigue siendo inspirador. Los solos de Phil Collen y Vivian Campbell son un deleite, mientras que Rick Savage aporta, desde el bajo, una base firme para toda esa maquinaria.
Pero si algo merece un punto y aparte, son los coros. En Def Leppard son inolvidables, contagiosos y están construidos con una astucia que explica buena parte de su éxito. En vivo, siguen siendo uno de sus mayores atractivos.
Los clásicos imperdibles, como Animal, Let’s Get Rocked e Hysteria, cautivaron, pero el repertorio menos evidente también tuvo sus momentos. Slang, con Nuno Bettencourt como invitado, y Promises, demostraron que hay vida más allá de los éxitos que dominaron la radio en los 80.
Esta fue la primera vez que Def Leppard y Extreme tocaron en Costa Rica. El público se lo hizo saber con su entusiasmo. (David Chacón/Parque Viva)
Todo estuvo potenciado por una iluminación envolvente, videos que, sin ser particularmente innovadores, estaban bien cuidados, y un escenario aprovechado mediante una pasarela y plataformas elevadas. Fue el espectáculo de una banda que ha sabido evolucionar y adaptarse a las exigencias de los grandes conciertos sin renunciar a lo que la convirtió en un clásico.
Durante la noche del martes, el sonido de los 80 se despertó en su máximo esplendor, pero no con nostalgia vetusta, sino con una demostración de maestría que no se agota.
Es cierto que los años de mayor popularidad de Extreme y Def Leppard quedaron atrás. Sin embargo, ambas bandas muestran una vitalidad envidiable y, musicalmente, atraviesan un gran momento. Sus canciones han resistido el paso del tiempo y sus intérpretes siguen teniendo con qué hacerlas estremecer. Esto fue rock del bueno.