Iron Maiden tuvo su fiesta de 50 años acompañada por miles de almas que se unieron para celebrar medio siglo de vida y metal. Antes de que los británicos salieran a su concierto en Costa Rica, el Estadio Nacional sabía que la noche iba a ser intensa... y lo fue.
Distintas generaciones se reunieron en La Sabana para rendir honores bajo un mismo sentimiento. Quienes escucharon a Maiden cuando sus discos eran nuevos, corearon a toda voz con quienes descubrieron los éxitos cuando ya eran clásicos.
La reunión tuvo algo de ceremonia y es que esta, su cuarta visita al país, no fue una ocasión cualquiera. Este jueves 8 de octubre, los ticos fueron parte de la historia del tour Run For Your Lives, la gira concebida para celebrar el medio siglo de carrera de los británicos, pero centrada en sus primeros nueve álbumes.
No se trataba solo de escuchar canciones icónicas, sino de entender, con los británicos en pleno Estadio Nacional, por qué este es uno de los nombres fundamentales del heavy metal.
El abrebocas estuvo a cargo de The Raven Age, agrupación liderada por el guitarrista George Harris, hijo de Steve Harris, bajista de Maiden. Su presentación encendió los motores de una velada de cabezas en movimiento, manos cornudas y un ímpetu extasiante entre el público. Y aunque el espectáculo estuvo intenso, a la audiencia le quedaba mucha energía por invertir.
A las 7:40 p. m. comenzó la música, pero aún sin la presencia física de Maiden en el escenario. Los sonidos del tema Doctor Doctor, de UFO, sirvieron como alarma para que el público fuera calentando los ánimos. Entonces, llegó Maiden.
Bruce Dickinson, Steve Harris, Janick Gers, Adrian Smith, Dave Murray y el baterista Simon Dawson aparecieron en escena apenas para que el estadio en pleno se rindiera ante ellos con aplausos y gritos ensordecedores. El vocalista, al frente de la tarima, fue el maestro de ceremonias perfecto: saltó, corrió de lado a lado, invitó al público a sumarse al show y conquistó con su carisma e intensidad.
Murders in Rue Morgue, Wrathchild y Killers fueron las primeras piezas que fascinaron a los miles de fans en La Sabana. Mientras Dickinson y compañía se entregaban a voz e instrumentos, en la gramilla y las graderías la emoción era tal que muchos no bajaron sus brazos.
La intensidad del inicio se mantuvo por el resto de la velada, inclusive con momentos más enérgicos. Eddie, la mascota de la banda, subió a tarima gigante e imponente, con sus ojos iluminados y sosteniendo un hacha. Cuando la figura apareció, el público enloqueció, como era previsible. La masa uniformada con camisas que mostraban su cara furiosa gritó a más no poder.
Iron Maiden desde los inicios
El repertorio, como se prometió, fue una descarga de historia. Dickinson aprovechó un espacio para saludar a sus seguidores y mostrarse agradecido por volver al país. Tenía 10 años de no dirigirse al público costarricense.
El repaso siguió retrocediendo en el tiempo hasta volver a los comienzos de la banda con Phanthom of the Opera y Number of the Beast, en la que se encendieron llamaradas, seguidas de una reacción ensordecedora gracias al enorme coro que llenó el estadio.
Antes de la siguiente canción, Dickinson compartió un mensaje especial. “Nunca habíamos tocado esta canción en Costa Rica. Hace 35 años la dejamos de tocar en cualquier parte y no hay mejor momento para hacerlo que aquí. Mis amigos, como dice el título de la canción: que todos sus sueños sean sueños infinitos”, manifestó el intérprete para luego cantar Infinite Dreams.
El recorrido siguió con Powerslave, 2 Minutes to Midnight y la extensa Rime of the Ancient Mariner. Iron Maiden, en escena, hizo lo que sabe a la perfección: transformó las canciones en pequeños mundos para convertir la experiencia sensorial en algo esplendoroso con efectos de fuego y pirotecnia que, literalmente, encendieron la tarima.
El público se alineó con Maiden y con cada provocador alarido de “scream for me Costa Rica”, vociferado por el vocalista. El espectáculo fue un ritual que alcanzó para llenar la memoria de grandes recuerdos a cargo de una banda irrepetible, admirada por miles de voces que la adoraron en directo durante un par de horas.
El recorrido inagotable parecía llegar a su final cuando irrumpieron Hallowed Be Thy Name e Iron Maiden, otro clásico de clásicos y, por supuesto, otra oportunidad para corear.
Al cierre de esta nota, cuando el recorrido inagotable de la noche parecía llegar a su final, aún faltaban por sonar la contundente Aces High, la intensa Fear of the Dark y Wasted Years.
