Cultura

Cuerpos extraordinarios

Asteroide con satélite. Hace algunos años ni suponíamos ciertas propiedades de algunos cuerpos del espacio

Ilustración   artística de la sonda Rosetta; en su centro aparece   el   robot  Philae, que se posó   en el cometa Churuymov-Geramisenkod (fondo) el miércoles 12. AFP.
Ilustración artística de la sonda Rosetta; en su centro aparece el robot Philae, que se posó en el cometa Churuymov-Geramisenkod (fondo) el miércoles 12. AFP. C. CARREAU / MEDIALAB

Cuando yo estaba en la escuela República de Colombia, a inicios de los años 50, la jerarquía del sistema solar que aprendí era: Sol, planeta, satélite; ni siquiera agregábamos la palabra “natural” a estos últimos porque no era necesario hasta después del Spútnik-1, lanzado en octubre de 1957 por la Unión Soviética.

Para un niño, “asteroide” y “cometa” eran solo palabras con poco significado; mucho después vinieron lo de “grandes objetos rocosos” y lo de “témpanos de hielo sucio en órbita alrededor del Sol”...

Sin embargo, no hace tantos años que sustituimos la palabra “Sol” por la de “estrella” en la definición de “planeta”: cuando tuvimos la capacidad de identificar posibles planetas que giran alrededor de otras estrellas, algo que la lógica y la matemática ya habían pronosticado.

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