Con el debut de Iron Maiden en Costa Rica, el 26 de febrero de 2008, se marcó un punto de inflexión en la agenda de conciertos masivos de rock y metal del país. A partir de aquel hito, este pequeño punto del mapamundi comenzó a recibir visitas antes impensables de los favoritos de la fanaticada de camisetas negras: Metallica, Judas Priest, Black Sabbath, Megadeth, Anthrax y una larga lista de nombres más.
Dieciocho años después de aquella primera cita, la cuarta presentación de los británicos tuvo un sabor inevitable a nostalgia. Sin embargo, la reacción del público confirmó que el entusiasmo por verlos no ha menguado. Tampoco las razones para celebrarlos.
Desde su visita anterior, en 2016, la agrupación solo ha cambiado a un integrante: Simon Dawson asumió la batería tras el retiro de Nicko McBrain de las giras. El resto de la formación conserva intacta gran parte de su identidad musical. Bruce Dickinson continúa desafiando el paso del tiempo con su potencia vocal y su dominio del escenario; Steve Harris sostiene, desde el bajo, ese pulso galopante que es marca registrada de la banda, mientras los guitarristas Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers entrelazan riffs, melodías armonizadas y solos que mantienen la riqueza instrumental de sus composiciones.
El repertorio fue uno de los grandes aciertos de la noche. La gira Run for Your Lives reúne material de los primeros nueve álbumes de Iron Maiden, un recorrido que permite apreciar la evolución de su sonido. Nos recetaron la crudeza de sus primeras composiciones hasta la complejidad instrumental de sus obras más ambiciosas. No faltaron himnos como Run to the Hills, Powerslave y Fear of the Dark, pero también hubo espacio para canciones históricamente menos habituales en sus conciertos, como Infinite Dreams. Todo fue miel sobre hojuelas.
El show contó con momentos previsibles en el guion: la entrada de la gigantesca mascota Eddie, Bruce Dickinson ondeando la bandera de Costa Rica en The Trooper o las tomas de películas de terror en The Number of the Beast. Sin embargo, ni lo predecible dejó de asombrar. Iron Maiden no necesitó reinventar su espectáculo. Su fórmula es conocida, pero la ejecuta con una energía y una precisión que impiden que se reduzca a una simple repetición.
Fuerza en la interpretación
El espectáculo encontró su mayor fuerza en la interpretación musical. Los coros multitudinarios, las guitarras armonizadas y una sección rítmica contundente sostuvieron una presentación que también supo aprovechar los recursos escénicos: llamaradas, pirotecnia y proyecciones de gran tamaño. Estas últimas, sin embargo, tuvieron resultados desiguales. Mientras Aces High sobresalió por sus imágenes de combate aéreo, piezas tempranas como Murders in the Rue Morgue y Wrathchild recibieron un tratamiento visual menos atractivo. En algún momento, las pantallas dejaron de funcionar, pero la música imparable compensó mientras tanto.
Antes de despedirse, Bruce Dickinson evocó los créditos finales de las películas de James Bond y aseguró que volverían. El tiempo dirá si fue una promesa o simplemente una manera afectuosa de decir adiós. Si esta fue la última visita de Iron Maiden a Costa Rica, difícilmente pudo haber un desenlace mejor para una historia que comenzó –tras una larga espera– en 2008. Dieciocho años después, la banda se marchó con la misma voracidad con la que llegó.
Costa Rica la añorará y, a la vez, no dejará de anhelarla.
El concierto
Artista: Iron Maiden.
Invitado: Age of Raven.
Lugar: Estadio Nacional.
Fecha: 8 de octubre de 2026.
Producción: Move Concerts.