
La espera terminó. Casi 20 años después de su última visita a Costa Rica, Gloria Trevi volvió a encontrarse con sus seguidores ticos este sábado 3 de octubre en el Anfiteatro Imperial de Parque Viva.
La mexicana se presentará también el domingo 4 de octubre como parte de su Celebration Tour 2026, una gira que la trae de vuelta al país con una selección de himnos que han acompañado a varias generaciones: desde Zapatos viejos y El recuento de los daños hasta Pelo suelto, Todos me miran y Dr. Psiquiatra.
Miles de personas llegaron desde distintas zonas del país para ver a la intérprete. Hubo lágrimas, gritos, saltos, celulares levantados y una emoción que se mantuvo encendida durante toda la noche.
Entre el público también sobresalió la presencia de la comunidad LGBTIQ+, sigla que engloba a lesbianas, gais, personas bisexuales, trans, intersexuales, queer y otras identidades y orientaciones sexuales incluidas en el signo “+”. Se trata de una comunidad que ha encontrado respaldo en la artista y en varias de sus canciones, convertidas con los años en símbolos de libertad, resistencia y expresión personal.
La conexión fue inmediata. Al salir al escenario, Trevi saludó con la intensidad y cercanía que la caracteriza: “Costa Rica, por fin. Ticos hermanos, por fin se nos hizo. Los extrañaba un chingo”.
La artista aprovechó ese primer encuentro para reflexionar sobre la soledad y las relaciones que no valoran a las personas.
“Yo no entiendo cómo un público tan bonito, tan inteligente, tan chingón, a veces aguanta cosas que no debería aguantar de personas que no te saben valorar. No es por mensos; lo que pasa es que somos humanos y le tenemos miedo a la soledad”, expresó.
A sus 58 años, Trevi se adueñó del escenario con una energía inagotable. Lució numerosos atuendos espectaculares, cargados de pedrería, brillos y sensualidad, que se transformaban conforme avanzaba el repertorio y combinaban con los vestuarios de su escuadrón de bailarines. Su larga cabellera, su amplia sonrisa y esa voz inconfundible —capaz de pasar de la vulnerabilidad al desenfreno— provocaron gritos inevitables.
El espectáculo arrancó con Zapatos viejos, El último beso, El favor de la soledad, La papa sin catsup y Con los ojos cerrados. Desde los primeros minutos, la energía de Trevi y sus bailarines se propagó por todo Parque Viva.
Tan intensa fue la descarga sobre el escenario que parecía capaz de alcanzar hasta los aviones que despegaban o se preparaban para aterrizar en el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría. Hubo coreografías de alto impacto, cambios de vestuario, luces, pantallas y momentos acrobáticos en los que la artista fue elevada por los aires.

El orgullo de tener a Michael Rubí
Uno de los momentos más celebrados de la noche tuvo sello costarricense. Cada vez que el bailarín Michael Rubí aparecía en las pantallas, el público estallaba al unísono. El artista nacional forma parte del cuerpo de baile de Trevi y recibió el cariño de sus compatriotas durante toda la presentación.
Antes de interpretar Me río de ti, Trevi hizo una pausa para presentarlo: “Aquí hay un talento que ustedes quieren mucho”, dijo.
Rubí recibió los aplausos con una gran sonrisa, mientras el orgullo tico se hacía presente en cada rincón del anfiteatro.
El bloque que incluyó Pruébamelo, Zorra, Me río de ti y Gloria permitió que la artista y sus bailarines desplegaran una de las partes más intensas de la noche.
Trevi sabe cómo sostener el ritmo de un concierto de grandes dimensiones: pasa de una canción provocadora a una confesión emocional, de un baile explosivo a una conversación íntima con su público.

Canciones que tocaron fibras
La mexicana introdujo varias canciones con vivencias y experiencias personales. Antes de El recuento de los daños, recordó cuánto lloraba sobre los escenarios cuando tenía veintitantos años y habló de la profundidad de una composición que escribió cuando apenas tenía 23.
El Anfiteatro Imperial de Parque Viva la acompañó a capela en una parte de la canción. El coro colectivo terminó por conmover a Trevi hasta las lágrimas, en uno de los pasajes más sensibles de la velada.
Luego, antes de cantar Un abrazo, la artista volvió a tocar una fibra emocional del público.
“Todos tenemos a alguien en el cielo a quien nos faltó darle un beso, por eso ahora que estamos vivos hay que dar muchos abrazos, muchos besos, porque no sabemos hasta cuándo vamos a estar las personas que amamos”, dijo.
Durante la canción, fanáticos levantaron globos blancos, creando una imagen de homenaje y memoria que contrastó con el carácter festivo de otros momentos del repertorio.
Trevi también respondió al cariño de sus seguidores cuando recibió una medallita de parte de un fanático.
“Yo no quiero ser ídolo de nadie, porque al único que podemos idolatrar es a Dios. Yo estoy aquí como una más de ustedes”, expresó conmovida.
La noche avanzó con Siempre a mí y el clásico Pelo suelto, una de las canciones más esperadas. Trevi la cantó junto a su público, que convirtió el recinto en un coro masivo. Frente a ellos apareció una artista que parece desafiar el paso de los años: cuerpo esbelto, cabellera larga, sonrisa amplia y una entrega física que no disminuyó durante el espectáculo.
Los cambios de vestuario continuaron uno tras otro. Un vestido se transformaba en otro mientras cambiaban las canciones y las atmósferas. Antes de Sufran con lo que yo gozo, los coristas interpretaron Playa, montaña y sol, de Gonín, en una sección donde las cumbias se intercalaron con la puesta en escena.
Un cierre de himnos
La recta final reunió Hembra mala, Sufran con lo que yo gozo, Vestida de azúcar, Me siento sola, Pompas de jabón, 5 minutos, Qué voy a hacer, No querías lastimarme y la aclamada Dr. Psiquiatra.
Tras una pausa musical, la artista reservó tres canciones para despedirse: Cómo yo te amo, Todos me miran y Mañana. El cierre fue una confirmación del vínculo que mantiene con sus seguidores, especialmente con quienes han hecho de sus letras una compañía en etapas de dolor, ruptura, liberación y celebración.
Gloria Trevi sí sabe cómo complacer al público costarricense. Esta noche no solo dejó lentejuelas y brillos sobre la pista, sino un recuerdo intangible —pero muy marcado— en la memoria de sus fanáticos. El reencuentro fue recibido en grande: lágrimas, emoción, gritos y celulares en alto para documentar cada segundo de una noche llena de clásicos.
Sus canciones lograron identificar a miles de asistentes. El cariño fue mutuo, las letras se entonaron al unísono y, por la forma en que Trevi se quebró, sonrió, bailó y conversó con su gente, quedó claro que la experiencia también fue especial para ella.

