
La llegada de medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida ha transformado el tratamiento de la obesidad. Sus resultados han sido tan llamativos que muchas personas los consideran uno de los avances más importantes de la medicina metabólica en las últimas décadas.
Sin embargo, detrás de los impresionantes números que muestra la balanza existe una pregunta que merece mayor atención: ¿qué tipo de peso estamos perdiendo?
Durante años, el éxito de un tratamiento para la obesidad se ha medido principalmente por la cantidad de kilos perdidos. No obstante, la ciencia actual plantea una visión más amplia. Perder grasa corporal es deseable, pero perder músculo puede comprometer la fuerza, la funcionalidad y la salud metabólica a largo plazo.

Precisamente, este fue uno de los principales mensajes del consenso internacional publicado en 2025 por Sievenpiper y colaboradores en la revista Obesity Pillars. El documento, que reunió 52 recomendaciones de expertos sobre nutrición y estilo de vida durante el uso de terapias basadas en GLP-1, destaca que el verdadero éxito del tratamiento no consiste únicamente en reducir el peso corporal, sino en preservar la composición corporal y la capacidad funcional de las personas.
La evidencia científica muestra que hasta un 30 % del peso perdido durante estos tratamientos podría corresponder a masa magra, incluido tejido muscular. Esta realidad obliga a mirar más allá de la balanza y a comprender que la nutrición adecuada, el ejercicio de fuerza y el seguimiento profesional son tan importantes como el propio medicamento.
La pregunta ya no es solamente cuánto peso se pierde, sino qué estamos haciendo para proteger aquello que nos permite movernos, mantener nuestra independencia y disfrutar de una mejor calidad de vida.
La nutrición y el ejercicio: aliados indispensables
La evidencia científica actual destaca que el tratamiento farmacológico de la obesidad con agonistas del receptor GLP-1 debe complementarse con una adecuada estrategia nutricional, ejercicio físico estructurado y seguimiento clínico continuo para optimizar la pérdida de grasa corporal, preservar la masa muscular y favorecer resultados sostenibles a largo plazo.
Como señala el consenso de Sievenpiper y colaboradores:
“La pérdida de peso exitosa no se mide únicamente en kilogramos menos, sino en la capacidad de preservar músculo, funcionalidad y salud metabólica durante y después del tratamiento.”
La protección de la masa muscular requiere una estrategia nutricional específica. Las recomendaciones actuales sugieren una ingesta proteica elevada, adaptada a las necesidades individuales, con el objetivo de preservar el tejido magro durante el proceso de pérdida de peso.
No obstante, la nutrición por sí sola no es suficiente. El ejercicio físico desempeña un papel fundamental, especialmente el entrenamiento de fuerza muscular. La evidencia respalda la realización de al menos dos sesiones semanales de fortalecimiento muscular, priorizando ejercicios multiarticulares que involucren grandes grupos musculares, como sentadillas, prensa de piernas, jalones de espalda y empujes de pecho.
A esto debe sumarse la práctica regular de ejercicio cardiovascular, con una recomendación mínima de 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada.
Un aspecto poco conocido: la salud de la vesícula biliar
Como suelo comentar a mis pacientes:
“Si las grasas fueran llevadas a juicio por causar obesidad, probablemente saldrían absueltas.”

La pérdida rápida de peso puede alterar la dinámica normal de la bilis y aumentar el riesgo de formación de cálculos biliares. Contrario a la creencia popular, eliminar completamente las grasas de la alimentación no es una estrategia recomendable.
Las grasas saludables cumplen una función importante al estimular el vaciamiento de la vesícula biliar. Por ello, la evidencia científica recomienda mantener una ingesta moderada, generalmente entre 25 y 70 gramos diarios, dependiendo de las necesidades individuales y de la planificación nutricional.
El riesgo silencioso de las deficiencias nutricionales
La disminución significativa del apetito inducida por estos medicamentos puede dificultar que algunas personas cubran sus requerimientos de nutrientes esenciales.
Como consecuencia, existe riesgo de desarrollar o agravar deficiencias de vitamina D, vitamina B12, hierro y magnesio. Ante esta realidad, resulta indispensable priorizar alimentos de alta densidad nutricional, mantener una adecuada hidratación y realizar controles periódicos que permitan detectar oportunamente posibles carencias.
¿Qué ocurre cuando se suspende el tratamiento?
Esta suele ser la pregunta incómoda del tratamiento y, quizás, la que menos personas desean plantear.
Diversos estudios muestran que entre el 50 % y el 75 % de los pacientes abandonan el tratamiento durante el primer año, frecuentemente debido a factores económicos, dificultades de acceso o efectos secundarios.
Cuando la suspensión ocurre sin una estrategia de transición, es común observar una recuperación significativa del peso perdido. Por ello, los especialistas recomiendan desarrollar planes de salida estructurados que incluyan educación nutricional, un adecuado aporte proteico, actividad física regular y herramientas que favorezcan la adherencia a largo plazo.

En la práctica clínica, un tratamiento sin cambios sostenibles en los hábitos de alimentación y ejercicio constituye una de las principales causas del llamado “efecto rebote”, en el que parte o incluso la totalidad del peso perdido puede recuperarse con el tiempo.
El verdadero objetivo: salud metabólica sostenible
La pérdida de peso es un objetivo importante, pero no debe ser el único indicador de éxito.
Mantener la masa muscular, preservar la funcionalidad física, prevenir deficiencias nutricionales y consolidar hábitos saludables son factores igualmente determinantes para alcanzar resultados duraderos.
Los tratamientos con GLP-1 representan una herramienta valiosa dentro del manejo integral de la obesidad, pero su máximo beneficio se obtiene cuando se acompañan de nutrición basada en evidencia, ejercicio físico estructurado y seguimiento profesional continuo.
El reto no es únicamente perder peso. El verdadero objetivo es mejorar la composición corporal, la funcionalidad y la salud metabólica de forma sostenible, logrando que el tratamiento represente realmente un antes y un después en la calidad de vida de las personas.
Referencia
Sievenpiper JL, Ard J, Blüher M, et al. (2025). Nutritional and lifestyle supportive care recommendations for management of obesity with GLP-1-based therapies: An expert consensus statement using a modified Delphi approach. Obesity Pillars, 17, 100228.
