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Todos somos hijos de Dios

La muerte, siempre silenciosa, viene a hacernos las preguntas que solemos evadir.

Sor Geneviève Jeanningros, la monja amiga del papa Francisco que rompió el protocolo
Sor Geneviève Jeanningros, la monja amiga del papa Francisco que rompió el protocolo Vatican
Sor Geneviève Jeanningros, la monja amiga del papa Francisco que rompió el protocolo
Sor Geneviève Jeanningros, la monja amiga del papa Francisco que rompió el protocolo Sor Geneviève Jeanningros, la monja amiga del papa Francisco que rompió el protocolo (Vatican /Vatican Media)

La noticia del fallecimiento del papa Francisco ha sacudido al mundo. Su partida no es solo una pérdida para el mundo católico, sino para toda la humanidad que aún cree en la posibilidad de un liderazgo compasivo, empático y profundamente humano.

En su último mensaje —pronunciado tan solo horas antes de su muerte— el papa Francisco dejó una semilla que merece ser regada con conciencia:“¡Cuánto desprecio se manifiesta a veces hacia los más débiles, los marginados, los migrantes! En este día, quisiera que volviéramos a tener esperanza y confianza en los demás, incluso en quienes no nos son cercanos o vienen de tierras lejanas, con costumbres, modos de vida, ideas y hábitos distintos a los nuestros. Porque todos somos hijos de Dios”.

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