Revista Dominical

Tinta Fresca: Ese daño que nadie ve

Actos hay, de violencia, que activan de inmediato el fuego de nuestra indignación: un anciano vapuleado en la vía pública, un bebé arrojado a un basural, una persona baleada por no entregar su celular.

Actos hay, de violencia, que activan de inmediato el fuego de nuestra indignación: un anciano vapuleado en la vía pública, un bebé arrojado a un basural, una persona baleada por no entregar su celular.

La esencia de todos estos actos de violencia es la voluntad de dañar. La violencia es daño deliberado, o amenaza de daño, a fin de someter a alguien para que haga lo que no desea.

Los actos de violencia que nos indignan tienen la inmensa ventaja, para sus víctimas, de que generan una reacción de solidaridad y nos mueven a detener la injusticia. Los actos de violencia que no consideramos como tales, que vemos como normales e inevitables, tienen la inmensa desventaja, para sus víctimas, de que generan indiferencia, con lo que tácitamente las inculpan del daño que reciben y logran, muchas veces, que incluso ellas se consideren a sí mismas culpables.

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