Revista Dominical

Miguel Zaragoza y Evangelina López: Una historia de desamor y desabastecimiento de gas

La explosión ocurre así: dentro de un recinto cerrado, una fuga imperceptible de gas licuado se mezcla sigilosa con partículas de oxígeno y, al entrar en contacto con la más minúscula fuente de ignición –un chispazo o una amante, por ejemplo– deviene un estallido capaz de desintegrar objetos más allá de de las paredes. A veces, con similar potencia explosiva actúa el desamor.

Miguel Zaragoza y Evangelina López, propietarios de Gas Zeta.
Miguel Zaragoza y Evangelina López, propietarios de Gas Zeta. John Durán
Miguel Zaragoza y Evangelina López, propietarios de Gas Zeta. (John Durán)

México, 1953. El país florece en medio del desarrollo económico sustentado en la industria, las exportaciones, la urbanización y la educación. Adolfo Ruiz Cortínez, del eterno Partido Revolucionario Institucional (PRI), es entonces presidente de esa nación. Las mujeres mexicanas, abnegadas en las tareas domésticas y luego de participar en varias revoluciones, alcanzarán ese año el derecho a ser llamadas ciudadanas. Siempre, claro, que al cumplir 18 años se hallen cobijadas por un matrimonio formalmente constituido. En caso de no contar con el amparo de un marido, deberán esperar a cumplir 21 años y demostrar que llevan "un modo honesto de vivir", como manda la Constitución Política también para los ciudadanos varones.

Es 17 de octubre, día histórico en que las leyes mexicanas se reivindican para dar paso al voto femenino. Ese mismo día, en una iglesia remota de Ciudad Juárez, en el extenso desierto que colinda con las abundancias norteamericanas, una joven y feliz pareja se jura amor eterno ante la bendición de Dios. Tres días antes, habían consumado su unión bajo las leyes terrenales, al otro lado de la frontera, en Nuevo México, Estados Unidos.

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