Después de salvarse por la mínima en el repechaje con los salvadoreños, el entrenador de Saprissa compareció ante los medios. Solo aguantó una pregunta y entonces llegó la escena de comedia burda, que puede ver en el video a continuación.
“Qué pregunta mae. Puta mae, jueputa es que no. Ah mae”, mascullaba frente al micrófono con exquisito vocabulario, mientras hacía cara como de que iba a colapsar.
Esa fue la reacción a una simple pregunta sobre el partido, que reciben miles de entrenadores en el mundo todas las semanas. No tenía aire para contestar, pero sí para soltar groserías en voz baja.
Como de costumbre, Medford explota cuando la prensa no llega a rendir pleitesía. Quiere una coreografía de porrismo, en vez de comunicadores independientes.
Y está bien si le resiente algo o mucho a los medios. Tiene derecho de sentirse así, pero debería plantear sus objeciones con un mínimo de respeto y decencia.
En todas las conferencias es lo mismo. Llega a hablar de la prensa, no de fútbol, y cada vez más irrespetuoso. Siempre sobre la misma base de que hay una especie de complot para perjudicarlo.
Tal actitud intimida a los colegas presentes en la sala -de quienes tengo la más alta consideración-; sabiendo a lo que se exponen en público, terminan tirando pétalos de rosa. ¡Y ni así le quedan bien!
Porque en algún momento vuelve a estallar en exabruptos. El eje de su discurso es la prensa, la prensa, la prensa; no su equipo, ni sus decisiones técnicas, ni lo que les cuesta ganar, ni que son frágiles de visita, ni que les falta planilla. Exige que “analicen el partido”, pero aprovecha cada minuto ante las cámaras para pelear sin aportar nada al análisis de altura que tanto solicita.
Lo de Medford continuará hasta el infinito, porque en este punto de su vida ya no va a cambiar, y posiblemente sus jefes no le dicen nada sobre esto. A fin de cuentas, están más preocupados por todo lo que rodea al equipo en la parte deportiva, así que los constantes arranques o el conato de patatús del miércoles terminan siendo una anécdota que se olvida a los cinco minutos. Eso sí, cada vez que pueden hablan de los “valores” de Saprissa.
Lástima, porque tenemos el más alto concepto de los jefes de Medford en Saprissa. Son dos caballeros que jamás se comportarían con semejante nivel de patanería. Pero el puesto de entrenador es tan, pero tan delicado, que le tienen que pasar por alto una conducta reiterada que ninguna empresa seria le permitiría a sus trabajadores.