Hay días que marcan a un equipo. Así ocurrió con la derrota de Costa Rica en Denver, durante el partido de la nieve rumbo al Mundial de Brasil 2014, o con la reciente caída de la Selección Nacional ante Haití en la Liga de Naciones. En Cartaginés existe la percepción de que están viviendo un momento de esos: la noche en que eliminaron a Olimpia de la Copa Centroamericana los sumergió en un sueño del que nadie quiere despertar.
En la previa del compromiso, el entrenador brumoso, Amarini Villatoro, pareció calentar el duelo. En Honduras, algunos consideraron que sus declaraciones fueron una falta de respeto a la historia de Olimpia.
“Hay frustración de ellos porque no están acostumbrados a perder, es así; en su liga lo ganan todo. Hay duda también a veces con el arbitraje porque en su liga les marca todo, es el equipo, eso lo sabe cualquier hondureño. Enfrentamos a un gran rival y lo pusimos en situaciones incómodas, que no está acostumbrado”, dijo el técnico desviando hacia sí mismo la atención.
Sus palabras generaron molestia entre los hondureños después de que Cartaginés ganara 1-0 el partido de ida.
En Honduras, parte de la prensa parecía confiar en que el nombre y la historia de Olimpia bastarían para conseguir la remontada. Sin embargo, el equipo brumoso demostró que está hecho para protagonizar cartagadas: así en positivo (como es el origen de ese término), gestas que llenan de orgullo a los seguidores de la Vieja Metrópoli.
El partido comenzó cuesta arriba para los blanquiazules. Además, el hombre que debía transmitir mayor seguridad, el arquero y capitán Kevin Briceño, no tuvo su mejor noche. Cometió dos errores graves que costaron dos goles.
Pero Cartaginés no desesperó. Supo manejar los tiempos del juego y Villatoro demostró que sabe reaccionar ante la adversidad. Movió el banquillo con acierto y, una vez más, apareció Geancarlo Castro para castigar a Olimpia y desatar la locura entre los seguidores del equipo del Fello Meza y el Chiqui Brenes.
Lo que los brumosos quizá nunca imaginaron fue que la clasificación a la final del torneo regional desataría semejante fiesta en la Vieja Metrópoli. Pese a la creencia popular de que esta ciudad duerme temprano, lo cierto es que, pasada la medianoche, el centro seguía colmado de personas que celebraban el pase.
Las calles se llenaron de aficionados que, a pie y con sus banderas, o en vehículos haciendo sonar sus bocinas, festejaban entre brincos, abrazos y cánticos colectivos.
Cartaginés y Cartago vivieron una verdadera locura. La celebración incluso coincidió a cientos de kilómetros con un tenso episodio en la sala de prensa entre el entrenador de Olimpia, Eduardo Espinel, y el periodista costarricense Anthony Porras, quien le dijo en la cara: “Usted fracasó”.
Hoy, Cartaginés proyecta una imagen de equipo ganador, de plantel peligroso y de escuadra con ambición de levantar trofeos. Su afición parece sentirse cómoda tomando las calles y alimentando una ilusión que roza la locura: conquistar un doblete con el Apertura 2026 y la Copa Centroamericana.
Ahora, ambos objetivos parecen posibles para un equipo que vive uno de esos momentos que pueden marcar su historia.